ENRIQUE AMAT REQUENA
Sábado, 29 de agosto de 2009. Plaza de toros de Requena. Casi lleno en tarde de calor y algo ventosa. Toros de José Vázquez, bien aunque algo desigualmente presentados, que se dejaron aunque anduvieron muy justos de raza. Rivera Ordoñez (marino y oro), silencio tras aviso y oreja. Cayetano (hueso y oro), oreja y saludos tras aviso. Miguel Tendero (verde y oro), dos orejas y oreja. Entre las cuadrillas destacaron José Antonio Carretero y Manolo Peña.
Con un gran ambiente y una excelente afluencia de aficionados en los tendidos se celebró la corrida correspondiente a la feria de la Vendimia de Requena. Calor y pasión en un público dispuesto a disfrutar y pasarlo bien. Entre los asistentes, una aficionada inglesa, Emily Sweeney, a quien gusta la tauromaquia de empaque y sentimiento. Una tauromaquia en el son que practica Cayetano Rivera.El torero, quien parafraseando la célebre canción de Fito y los Fitipaldis titulada Soldadito Marinero cuando dice aquello de "después de un invierno malo y una mala primavera", tras la cornada sufrida el año pasado en Palencia, parece que ha visto la luz del verano y sus recientes actuaciones en Cuenca y Linares así lo atestiguan. Ayer en Requena lo ratificó. Muleteó sobrado de empaque y apostura a su manso primero, en una labor en la que tuvo la virtud de llevar muy enganchado a su oponente y que remató de un colosal volapié. Y anduvo suelto y compuesto con el apagado quinto.
La corrida de José Vázquez, bien presentada aunque muy escasa de raza, dejó estar y no presentó problemas a sus lidiadores.
El triunfador numérico del festejo fue Miguel Tendero, quien mostró su línea ascendente. En este su primer año de alternativa, y siguiendo con la citada canción, "camina despacio, que las prisas no son buenas". Progresa adecuadamente y ayer se mostró firme y dispuesto. Templanza y lucidez tuvo su faena al primero y arrestos y transmisión su labor ante el cierraplaza.
Francisco Rivera Ordóñez anduvo suelto, fácil y profesional. Bien con los palos, ofreció el espectáculo que de él se espera y mató al cuarto de una gran estocada.