A. GARCÍA DE FRANCISCO VENECIA/EFE
El director alemán Werner Herzog presentó ayer en la competición oficial de la Mostra de Venecia Bad Lieutenant: Port of call New Orleans, un filme que no convenció por su excesivo convencionalismo y por la sobreactuación de su protagonista, Nicholas Cage.
Un remake de Teniente corrupto (1992) -de Abel Ferrara y con Harvey Keitel como cabeza de cartel- a pesar de que Herzog insistiera en que ni conoce al estadounidense ni ha visto sus películas.
Frente a lo que en su momento supuso el filme de Ferrara, la nueva versión de la historia de un policía corrupto y drogadicto de Herzog, aunque bien rodada, no aporta gran cosa al panorama cinematográfico y el exceso de tics de Cage demuestra una vez más que, en su caso, cualquier tiempo pasado fue mejor.
Cage explicó que al hacer esta película sintió que podían adaptar "el estilo de jazz" que sugería el rodaje en Nueva Orleans.
Sobre su forma de meterse en el personaje explicó que para él es una gran ayuda hacer un trabajo físico, dotar a su interpretación de ciertas características físicas que le permiten transformarse durante el rodaje y luego dejar el trabajo en el set.
Cage tuvo palabras de elogio pa?ra Herzog, por la libertad de improvisación que les dejó durante el rodaje, y para su compañera de reparto, Eva Mendes.
Alabanzas que fueron devueltas por una simpática Mendes, para sorpresa de muchos la mejor actuación del filme como la prostituta novia del policía, con un papel un poco alejado de sus habituales de sex symbol.
Tanto Mendes como Cage fueron la primera elección del director para la pareja protagonista y ambos aceptaron participar en ella de inmediato.
Herzog explicó que le encantó el guión que había escrito William M. Finkelstein, pero que al final cambió tanto el principio co?mo el final.
El resultado es una historia eficaz de corrupción policial y de inmadurez personal del protagonis?ta que, sin embargo, no aporta los elementos necesarios que debe tener cualquier película a competición de un gran festival.
Y para completar la jornada de ayer en la competición oficial del festival de Venecia, que da una de cal y otra de arena, Lei wangzi (Príncipe de las lágrimas), del taiwanés Yonfan, una entretenida historia de amores y traiciones con el trasfondo de la época de la ley marcial, del terror blanco de los años cincuenta en Taiwan.