S. G. VALENCIA
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La apertura, hoy, de la VII edición de la Semana de la Moda de Valencia llega precedida de ruido de agujas. La polémica le "come" espacio a la que debería ser la protagonista, la moda. Hasta el punto de que ayer los 30 creadores participantes firmaron un comunicado reclamando la atención a sus colecciones y no a otras cuestiones. Pero no es ninguna novedad. La pasarela de Valencia ha cumplido una década de vida bajo el sello de la convulsión.
Nació como Pasarela del Carmen en 1999, en una iniciativa impulsada por la gente del mundo de la moda -Josep Lozano, hoy director técnico de la SMV-, el Consorcio para la Revitalización del Centro Histórico y la CEV. Luego se ligó a la Conselleria de Cultura y la batuta pasó a la Asociación de Diseñadores de Prêt-à-Porter presidida por Francis Montesinos con apuesta por el diseño novel. Durante esta etapa la pasarela, sustentada por una exigua subvención de la Generalitat, fue cambiando de escenario y experimentó momentos de verdadera angustia, hasta el punto de peligrar en alguna ocasión.
En 2006 nace la Semana de la Moda de Valencia, siguiendo el modelo de otras "Fashion Weeks". Aquel salto hacia una pasarela de dos ediciones y profesionalizada también llegó precedida de polémica ya que Montesinos criticó que se celebrara, por imposición del Consell, al aire libre en l'Hemisfèric. Aquel septiembre, como temía el diseñador, llovió. En sentido literal y en sentido figurado. Los prolegómenos de la segunda edición, en el Museo Príncipe Felipe, fueron más turbulentos. Francis Montesinos dimitió denunciando las "injerencias" políticas. En aquella ocasión, por cierto, la SMV incluyó mezcló prêt-à-porter con otros sectores de la moda, sastres y modistas y piel y calzado, fórmula que en seguida quedó descartada pero ahora que las aguas bajan revueltas la alta costura vuelve a reclamar.
La SMV hoy
Este momento crítico se resolvió con la rúbrica de un acuerdo estable entre la Generalitat (Industria), Feria Valencia y la asociación Semana de la Moda de Valencia, que aúpa a Alex Vidal, presidente de la misma y vicepresidente entonces de la PiV, a la dirección. La subvención oficial crece (hasta medio millón de euros, el otro 50% son patrocinadores privados) y la "superestructura" -montaje técnico, medios, etc- da un salto "galáctico". Además, con gran conmoción, se crea un "filtro" de diseñadores.
La gestión de Alex Vidal ha desembocado en dos bandos, detractores y partidarios. En la última edición la pasarela se entremezcló con los problemas económicos internos en el seno de la asociación de diseñadores (cuya denominación cambia a Dimova y que preside Dolores Cortés). Este verano la propia Cortés y Hannibal Laguna se descuelgan.
Cortés pone voz a los reproches que se le venían haciendo, de forma más o menos soterrada, a Vidal: dirigir la pasarela de forma "presidencialista" orillando a la entidad y un trato desigual. Vidal niega las acusaciones pero ha prometido diálogo cuando finalice la pasarela. En cuanto a las críticas, apela a que se valoren los resultados y cómo es hoy la pasarela. Así las cosas, la SMV arranca con 30 diseñadores participantes, con las bajas citadas -y los que se quedaron en el camino- pero también nombres nuevos, menos conocidos pero que habrá que valorar. El vicepresidente del Consell, Vicente Rambla, estará en la inauguración.