Jornada de clausura

Recetas de moda contra la crisis

Los creadores valencianos proponen en sus tendencias para el próximo verano recetas para salir de la crisis cuando ellos se encuentran inmersos en la suya propia

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SUSANA GOLF A estas horas, los técnicos deben de estar desmontando la pasarela en Feria Valencia. La VII edición de la Semana de la Moda empezó convulsionada. Hubo tregua los tres días de desfiles. Pero las espadas quedaron en alto. Alex Vidal, el cuestionado director de SMV, pretende reunirse con la asociación de diseñadores original y su escisión para que el ruido cese. Ya se verá el próximo asalto. La batalla definitiva, una nueva edición en febrero.
El balance varía según el «bando». Pero el de moda no es malo y resultó bastante homogéneo, sin que nada chirriara, que ya es. La pasarela, desde el punto de vista técnico (iluminación, sonido, montaje) impecable. Se apuntan tendencias. Y recetas anti-crisis. La moda parece haber decidido que hay que reaccionar. La respuesta es reinventarse. Abundancia de blanco y negro —pero el color, cuando aparece, lo hace de forma explosiva— y reinado absoluto de los lisos y los cortes limpios. El volumen se modera. Muchos miran por el retrovisor —los 50, los 80—, otros vuelven a lo natural y algunos prefieren el optimismo, la evasión dulce y feliz que aparca los problemas. Amarga contradicción: los diseños buscan salir de la crisis, los diseñadores se embarcan en la suya propia.

Fuentes de inspiración
Agua. Jaime Piquer usa blanco, azul, verde, turquesa, gris y morado; recurre a lorzas, drapeados y gasas para recrear el movimiento de las olas. Vestidos bitono, blusas y piezas vaporosas, minis, pantalones rectos. Siglo Cero quizá ha querido reflejar tres pecados capitales. A veces la referencia es demasiado evidente —el plato de «spaghetti» en el caso de la gula— y en ocasiones no perceptible —la ira—. Estilo «lady», con faldas lápiz, mono shorts o vestidos en rosa. Blanco y negro para la gula. Vestido cóctel con babero. Prendas desgarradas. La mujer perfecta ha desaparecido. De cuando en cuando, estampaciones y aplicaciones que salen del vestido.
Vestida de azul, Dora. De negro, con pitillos bajo un vestido sobrio, la modelo representa a Frank Kafka. Dora Diamant fue el último gran amor del escritor checo. Compartieron apenas un año de sus vidas. Para él fue el último. Para ella, el principio del fin. Vestidos de talle bajo (eran los años 20) con aberturas que simbolizan la libertad y autonomía que siempre tuvo Dora, una firme defensora de la cultura judía (las franjas horizontales evocan las rayas de los trajes para orar). Los modelos azules (vestidos que no oprimen el cuerpo, con largo bajo la rodilla) con zapatos de tacón bajo se entrecruzan con los conjuntos negros y los tacones altos. Diferencia de altura y diferencia de edad (ella 25, el cuarentón). La comunión de la pareja fue tanta que el azul y el negro empiezan a entremezclarse. Cada vez más. Sueñan con viajar a Israel pero primero se instalan en Berlín. Kafka sufre tuberculosis y está marcado por una rígida educación («Carta al padre»). La enfermedad es definitiva. El azul empieza a ser desvaido, casi gris. Las costuras están deshilachadas, abiertas, prendas sin acabar. La organza se suma al algodón. Vestidos con volumen contenido, asimétricos.
Llega el desgarro ante el irremediable final. Jirones de tela. Kafka es ingresado en un sanatorio cercano a Viena. Muere en brazos de Dora. La modelo vestida de negro se va, la de azul se abraza a su capa.
Nona desnuda su trabajo de todo artificio y va a lo básico. Tres colores, seis texturas, tres técnicas. Blanco, negro y maquillaje contrastados. Punto. Vestidos, bermudas, monos, líneas suaves o ceñidas y engomadas. Un volumen ligero en blanco y negro, con vivos, cinturones y hombros en contraste. Tul negro superpuesto a vestidos blancos crean gris. Transparencias románticas. Final en blanco nuclear al 100%. La mujer Nona oscila entre los vestidos femeninos y pulcros y los toques futuristas (con la referencia de la replicante Rachael interpretada por Sean Young en «Blade Runner»).
La SMV fue, de algún modo, circular. El cierre fue una vuelta al inicio. La nueva masculinidad. La exposición «Hombres en falda» instalada este verano en Sagunt y comisariada por Roger Salas salta a la pasarela, toma forma de desfile. Faldas masculinas de diseñadores nacionales, internacionales y valencianos. De distintos tejidos, de diferentes largos, Más o menos sutiles. Faldas pantalón, pareos, prendas procedentes de la danza o de las artes marciales. Tradicionales «kilt».

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