Una tremenda tormenta de agua y granizo obligó a suspender la corrida de la feria y fiestas de la Virgen del Remedio de Utiel. Mientras El Cordobés muleteaba al cuarto de la tarde, se abrieron los cielos y descargó agua a manta sobre la plaza.
Manolo Díaz, quien tras su actuación en 1996 repetía en esta plaza, tras mostrarse comunicativo y haciendo gala de un gran don de gentes, suelto, fácil y profesional ante su primero, no se arredó ante la tormenta que se descargó en su segundo. Y a pesar de que el público abandonaba la plaza a la carrera, ofreció su espectáculo, incluidas heterodoxias marca de la casa. La gente estuvo con él hasta el momento de la suspensión la corrida de Lagunajanda, sobrada de presencia y cómodamente armada, variada de pelaje y bien hechurada, no ofreció excesivos problemas a la terna aunque no anduvo sobrada de raza.
El Fandi, en el que era su tercer paseíllo en esta plaza, puso de manifiesto su particular concepción de la tauromaquia. Variado con el capote y arrollador en banderillas, tercio en el que brilló con fuerza por su imaginación, poder y facultades, sin embargo no se hizo el ánimo ante el temperamento de su oponente, que siempre reponía y que repitió las embestidas con celo y transmisión.
Por su parte el valenciano Tomás Sánchez, quien ha hace años debutó con picadores en esta misma plaza y quien afrontaba el segundo paseíllo de la temporada, supo buscarles las vueltas a su rajado segundo en un trabajo decidido, ilusionado y dispuesto.