Telma Ortiz pasará a la historia porque lució una de las pamelas más vistosas en la boda de su hermana Letizia. Aquel enlace tendría consecuencias onerosas para su futuro, que han desembocado en el cargo a dedo que acaba de confiarle el ayuntamiento de Barcelona, como subdirectora del Proyectos del departamento de Relaciones Internacionales. Su título es más largo que el de Obama. Desde su nombramiento sin superar prueba alguna, infinitos artículos o dos han redundado en la perplejidad que suscita la digitación. El tratado de no proliferación de documentos críticos no se debe a la necesidad de refrenar las iras desatadas en tiempos de crisis. Al contrario, nos avergüenza la escasa merced rendida a la familiar genéticamente más próxima de la futura Reina. Una subdirección es apenas un remiendo para un compañero del partido en dificultades. Qué tiene Urdangarín que no tenga la cooperante.
La impecable trayectoria de Telma Ortiz se cimenta en la fo- to con pamela y en las fotos sin pamela que se negaba a dejarse hacer, y que le llevaron a de-mandar a todos los medios informativos que leía. El ayuntamiento barcelonés no ha especificado si queda terminantemente prohibido fotografiar a la alto cargo, y si esa cláusula supone una merma –o un ascenso– en los emolumentos que le abonará la ciudadanía. Tal vez la noticia radique en la aceptación del mísero puesto por su destinataria, haciendo gala de ejemplaridad.
La función asignada a Telma Ortiz consiste en reforzar los vínculos de Barcelona con Asia y el Pacífico, dos vértices muy descuidados hasta la fecha en la política exterior de la Ciudad Condal, y donde la tarea de la cuñada del Príncipe competirá con el impacto asiático del Barça. Al grito de Barcelona es más que un club, puede subsanar las carencias en libertad de inexpresión de esos países. Ha de ser reconfortante estrechar lazos con Tailandia, donde el autor de una fotografía no solicitada a un miembro de la familia real recibe como pena la amputación de la mano con la que captó la imagen, aunque sólo después de separarle la cabeza del cuerpo. En la famosa acción judicial, fatalmente desestimada con imposición de costas, la demandante equiparaba su situación a la de Carolina de Mónaco, por lo que es inminente el nombramiento de la princesa monegasca como alcaldesa de Barcelona. Jurará el cargo con pamela.