ENRIQUE AMAT VALENCIA
Casi lleno en tarde entoldada. Novillos de Nazario Ibáñez, justos de presencia y de escaso juego. El rejoneador Rafael Serrano, palmas tras aviso. Javier Cortés (carmesí y oro), silencio tras aviso y oreja tras aviso. Adrián de Torres (berenjena y oro), dos orejas y aplausos. Actuó como sobresaliente Manuel Sarrión (grana y oro), oportuno en la brega. Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Paquirri.
En cierta ocasión unos aficionados invitaron a Juan Belmonte a presenciar una novillada programada en la plaza de toros de Ecija, para que viera las evoluciones de un muchacho al que aquellos ayudaban. Acomodados en un burladero del callejón, aquellas personas no dejaban de gritar y dar consejos a su protegido, tratando de animarle en su deambular en la cara del novillo. Viendo las fatigas que aquel aspirante a torero estaba pasando ante el astado, Belmonte acabó por dirigirse a sus acompañantes diciéndoles: "Señores, dejad al muchacho tranquilo. Si él quiere, pero es que ni sabe ni puede".
En la actualidad, y por lo que se ha podido ver a lo largo de la semana, los jóvenes toreros quieren, casi todos. Algunos más que otros, eso sí. Otra cosa es que puedan y que sepan, si bien la mayoría, en mayor o menor medida, saben torear y conocen el oficio, aunque ello no sea suficiente para triunfar.
Así sucedió con el líder del escalafón novilleril, Javier Cortés, quien llegó avalado por éxitos en plazas como Madrid y Sevilla. El chaval se mostró como un torero enterado y con oficio, dejando ver que conoce la profesión. Sobresalió toreando al natural con mucha solvencia, aunque dijo muy poco.Tanto es así, que dio la vuelta al ruedo tras cortar la oreja del cuarto con una expresión sombría. Por algo sería.
Los novillos del hierro de Nazario Ibáñez exhibieron una muy justa presentación. Noblones pero escasos de raza, mansearon más de la cuenta.
Mejor impresión causó el jienense Adrián de Torres. Se trata de un torero espigado y que trata de imprimir un sello especial y distinto a su torear. Gusto y cadencia tuvo su labor al segundo, y mérito la forma de plantar cara con firmeza al complicado cierra plaza, ante el que no se aburrió.
Completaba el terceto el rejoneador Rafael Serrano. Ya algo veterano, cumplió el expediente con una actuación tan voluntariosa como digna.