EFE ESTOCOLMO/MADRID
El Nobel de Física 2009 ha premiado dos hallazgos fundamentales para modelar la sociedad de la información moderna, sentando las bases de la comunicación por red y de la fotografía digital. La Real Academia Sueca de las Ciencias reconoció a Charles K. Kao, británico-estadounidense de origen chino, por sus logros sobre la trasmisión de la luz en fibras para la comunicación óptica, y a los estadounidenses Willard S. Boyle y Georges E. Smith, por inventar un circuito semiconductor de imágenes, el sensor CCD.
El descubrimiento de Kao allanó el camino para el desarrollo de la red de fibra óptica que hoy en día soporta casi todo el tráfico de datos, la comunicación telefónica e internet. El CCD revolucionó la fotografía e inauguró la era de la transferencia digital de imágenes, al permitir que la luz sea capturada de forma electrónica en lugar de sobre una película.
En 1966, Kao concluyó que el problema no eran las imperfecciones en el hilo de la fibra, sino que el vidrio debía ser purificado. Con una fibra del vidrio más puro sería posible transmitir señales de luz a través de 100 kilómetros en lugar de los 20 metros. Su "entusiasmo" inspiró a otros investigadores y desembocó en 1970 en la creación de la primera fibra óptica superpura.
El CCD usa una técnica basada en el efecto fotoeléctrico teorizado en 1921 por Albert Einstein, transformando la imagen óptica en señales eléctricas que a su vez son traducidas a números digitales, y cada célula fotográfica puede ser recreada como un punto de imagen, un píxel. Las ventajas del sensor pronto se hicieron evidentes y sólo un año después de su invención, Smith y Boyle demostraron el CCD en su cámara de vídeo. Una compañía estadounidense construyó en 1972 el primer sensor de imágenes y en 1981 apareció en el mercado la primera cámara con CCD. Sin él, el desarrollo de las cámaras digitales hubiera sido mucho más lento y no podríamos haber visto las imágenes del espacio tomadas por el telescopio Hubble o las del desierto rojo de Marte.
La elección de la Academia sueca dejó sin premio al físico e investigador español Juan Ignacio Cirac, premio Príncipe de Asturias y uno de los aspirantes que sonaban como favoritos. Con todo, científicos españoles y la ministra de Ciencia, Cristina Garmendia, se mostraron ayer convencidos de que Cirac ganará en el futuro el premio.