I. ROY VALENCIA
?
Permiten enviar y recibir mensajes de texto y correos electrónicos, realizar videollamadas, grabar y reproducir videos, almacenan millones de fotos y archivos multimedia, se conectan a Internet, tienen GPS, realizan llamadas y, en algunos casos, hasta pueden explotar. El último modelo de teléfono en sumar a sus virtudes tecnológicas su deflagración ha sido el iPhone de Apple, pero es uno más en una lista casi interminable de aparatos que se incendian o explotan por problemas derivados de su batería.
El éxito de ventas de Apple y el impacto mediático y publicitario que impregna todo lo que tiene que ver con su iPhone, el fetiche de los tecnoadictos, ha jugado esta vez en su contra. Hasta la fecha se han registrado dos informes sobre explosiones en el terminal móvil de la firma de la manzana en Europa -uno en Reino Unido y otro en Francia- pero han sido suficientes como para que hasta la comisaria europea de Consumo, Meglena Kuneva, tome cartas en el asunto.
La responsable de la UE llegó a asegurar la semana pasada que "no dudaría" en actuar y ordenar la retirada de estos terminales si se confirma que algunos reproductores iPod y teléfonos multimedia iPhone pueden explotar.
Sin embargo, éste no es un problema de Apple ni mucho menos del sector de la telefonía móvil. Lo cierto es que los casos por explosiones de teléfonos salpican al mercado y pocas son las firmas que se pueden salvar de la quema. Nokia tuvo que reconocer en 2007 problemas graves con un modelo concreto de batería defectuoso que instalaba en la friolera de 51de sus terminales. La finlandesa puso en marcha un programa automático de cambio de esta remesa de baterías por otras.
En Castilla y León, un usuario acaba de anunciar que tiene la intención de emprender acciones legales contra Sharp y Vodafone por un caso similar. Por el momento, el fabricante japonés asegura que no ha detectado problemas en sus líneas de producción ni en otros modelos.
La lista continúa y, en la mayoría de los casos, los problemas se centran en las baterías. En Estados Unidos, las autoridades retiraron dos modelos de Kyocera y otro que comercializaba Verizon aunque los casos también salpican a otras firmas como Motorola.
Al igual que en la telefonía móvil, el sector de la informática también ha tenido que dar explicaciones por problemas en las baterías de algunos modelos de ordenadores portátiles. En 2006 Sony detectó que algunas de las baterías que fabricaba sufrían graves calentamientos y, en el peor de los casos, podían llegar a explotar o incendiarse. El informe corrió como la pólvora porque la japonesa fabricaba baterías para Apple, Panasonic, Toshiba, Dell y Lenovo. El resultado: millones de baterías retiradas. Apple cambio 1,8 millones de baterías en sus modelos de iBook y PowerBook; Panasonic se hizo cargo de otras 6.000, Toshiba de 340.000 y Dell ni más ni menos que revisó 4,1 unidades vendidas entre 2004 y 2006 con un coste aproximado de 200 millones de dólares.
Estos datos revelan que los problemas con las baterías no son nuevos y que, dadas sus características técnicas y los malos hábitos de los usuarios -como sobrecargarlas al mantenerlas conectadas a las red eléctrica durante mucho tiempo- pueden provocar fallos no sólo en los teléfonos sino en cualquier aparato que utilice estos sistemas de alimentación