ENRIQUE AMAT VALENCIA
Floja entrada en tarde soleada y agradable. Novillos de Santos Alcalde, bien presentados, con cuajo y plaza, que resultaron muy manejables para los toreros. José María Arenas (rosa y oro), palmas tras aviso y vuelta tras aviso. Manuel Sarrión (grana y oro), tres avisos y silencio. José Arévalo (lila y plata), oreja tras aviso y oreja. Entre las cuadrillas destacó picando Anderson Murillo. Presidió, con cierta benevolencia, Francisco Peris. Pesos de los novillos por orden de lidia: 462, 455, 467, 465, 536 y 490 kilos. El festejo duró tres horas.
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En cierta ocasión Juan Belmonte presenciaba una novillada de promoción desde el callejón de la plaza de toros de Sevilla. Uno de los actuantes, escaso todavía de técnica pero sobrado de arrestos y decisión, fue repetidamente volteado por su oponente. Acabada la lidia, se retiró entre barreras bastante compungido. Cuando saltó el siguiente novillo a la plaza, Belmonte se acercó a él y, poniéndole una mano sobre el hombro, le señaló los atributos del animal y le dijo: "Muchacho, asómate por encima de la barrera. Mira. A eso, él siempre te gana".
Valga esta reflexión para explicar lo que fue la actitud de uno de los actuantes de ayer, en el primer festejo de la feria, anunciado bajo el título de "Final del Concurso a Matador de Toros". Y es que el valenciano José Arévalo, quien en su anterior comparecencia en el coso valenciano se reveló como un torero valiente a carta cabal, incluso resultando herido, volvió a poner de manifiesto una actitud entregada y arrolladora. Decidido y dispuesto, en son de novillero a la antigua usanza. Una actitud plausible y digna de elogio, si bien, eso sí, algo iconoclasta, de formas muy poco esmeradas y quizá poco acordes para una plaza como la de Valencia.
Con todo, se justificó con creces. Se fue a recibir a su primero a porta gayola, lanceó con templanza, banderilleó con espectacularidad y exhibió facilidad para ligar muletazos en dos trabajos, eso sí, de algo turbia caligrafía, algo periféricos y pecando de torear de abajo arriba y de dentro afuera.
Los novillos de Santos Alcalde compusieron un encierro de muy rematadas hechuras, sobrados de seriedad, cuajo y plaza, cuyo comportamiento estuvo presidido por generosísimas dosis de nobleza e incluso docilidad. No anduvieron sobrados de raza pero dejaron estar y resultaron muy manejables para los toreros.
José María Arenas se mostró como un torero de buena planta, que tiene oficio y sentido de la ligazón y el temple, si bien sus dos labores, de más metraje que mensaje, pecaron de frías y algo conservadoras.
Completaba la terna el también valenciano Manuel Sarrión quien, voluntarioso aunque ayuno de oficio y falto de recursos, vio cómo le devolvían su primero a los corrales, tras sonar los tres avisos al ser incapaz de matarlo.
Mano a mano
La empresa ha decidido dejar en un mano a mano la corrida de esta tarde, ante la baja de Miguel Tendero. Actuarán Vicente Barrera y César Jiménez frente a toros del Marqués de Domecq.