Llegadas estas fechas en las que ya se vislumbra el final de temporada, es momento de ocuparse de los novilleros que tras duros sacrificios han logrado que su nombre sea tema de conversación entre los aficionados y profesionales del toreo.
Serán los elegidos para figurar el año próximo en el escaso número de festejos que empresarios privados y plazas de titularidad pública les posibilitan. Son los esforzados de esa carrera de fondo que va de febrero a octubre y que a un alto porcentaje le suele costar dinero del bolsillo del apoderado.
Cualquier gesto, cualquier información y halago que les brindemos será siempre insuficiente. No olvidemos que sin este semillero el futuro no estaría asegurado. Por eso, antes de proseguir nos gustaría rendir homenaje a los que más han sufrido, aquellos a quienes las cornadas han frenado su carrera.
Hacía lustros, qué digo, décadas, que los toros no habían repartido tanta estopa a los coletudos de toda condición. Pero entre todos, los novilleros han sido los que más han cobrado esta temporada. Algunos con dureza, como Patrick Oliver, quien sólo a un milagro puede achacar el haber salido con bien del gañafón que le tiró un toro a la yugular. O el mexicano Angelino de Arriaga, todavía luchando para que sus piernas y su mente sigan alimentando la ilusión de ser figura. Y así una larga nómina que cierra el también mexicano Arturo Saldívar, porque según nos cuentan, tiene muy complicada su recuperación.
Pero en el toro siempre acaba instalándose la esperanza. Y para los novilleros, como cada año, llegan septiembre y octubre. Es su época de exámenes en aulas tan prestigiosas como puede ser la del palenque rectangular de Algemesí, de donde ha salido triunfador un chaval que se anuncia como Juan del Álamo.
En Moralzarzal el destacado ha sido Patrick Oliver. En Arnedo, la nota más alta la ha alcanzado Esaú Fernández, llevándose puesto el Zapato de Oro. En esta plaza riojana también eran puntuados con buena nota, Luis Miguel Casares y Daniel Palencia. Mientras que en Alfaro, era Cristian Escribano, el triunfador de su ciclo de novilladas.
Estos premiados y lo que se han quedado en puertas, avalan la buena cosecha que nos ha dejado la temporada que está a punto de terminar. Todavía en el primer festejo de la Feria del Pilar la terna de novilleros compuesta por Juan Carlos Rey, José María Mas y Luis Miguel Casares, se imponía con autoridad
–arrestos se ha dicho siempre- a un lote dificultoso de los hermanos Lozano, mientras que en la novillada incluida en la miniferia del 9 de Octubre, saltaba a los titulares con gran estruendo un jovencísimo José Arévalo, después de despachar un lote de Santos Alcalde al que cortó dos orejas.
No es pliego para tontos
La plaza de Valencia ya tiene pliego. Ha sido ver la luz y liarse a llover en el patio de los intereses. No gusta a casi nadie. Una vez vistas las reacciones hasta es posible que tampoco satisfaga al muñidor. Pinta que lo pueden dejar sólo. Pero habrá que esperar.
En la redacción —podría decirse en muchos pasajes cortado y pegado— del pliego se desprende de una primera lectura que han querido decir muchas cosas, tapar muchas puertas a la pluralidad, a la transparencia, tanto que es difícil sacar conclusiones a las primeras de cambio.
Habrá que ponerlo todo clarito y negro sobre blanco para aclarar conceptos y evitar triquiñuelas, sobre todo a tenor de los tiempos que corren para la clase política conservadora de la Comunitat Valenciana.
No podemos eludir, sin embargo, la tentación de marcar las tres perlas sobre las que el señor Rus y su constructor de utilidades, Isidro Prieto, quieren edificar su particular cortijo.
Primera. Separar la gestión taurina del resto de actividades lúdicas. La plaza de Valencia con un canon de 350.000 euros y sólo con los carteles de toros, dudamos que pueda colgar nombres de mediano relieve. Segunda. Cláusula referida a la calidad del equipo técnico que puntúa de 0 a 23 puntos.
En este apartado sólo les ha faltado poner el nombre y apellido del destinatario. Tercera. Capítulo que recoge la promoción y difusión de la fiesta. Se puntúa hasta con 10 puntos. Este apartado es de aurora boreal: sólo le vale a quienes vayan con el aval de una televisión.
Blanco y en botella. Desde luego pliego, pliego, no lo es, aunque vistas las adjudicaciones a dedo que incorpora el sumario del caso Gürtel (por si no sabían gürtel es correa en alemán) igual se creen los de la diputación que sigue habiendo para ellos barra libre en esta comunidad de nuestros amores.