ENTREVISTA DE SUSANA GOLF | FOTO DE JOSÉ ALEIXANDRE
Usted empezó en la música.
He vivido entre París, Nápoles, Amsterdam y Londres. Empecé muy joven, en grandes festivales. En 2001 conocí a Dave Clark, uno de los mejores Dj del mundo. Fui su «tour manager», su asistenta personal, su psicóloga, su amiga. Empecé a viajar, a dormir en hoteles de cinco estrellas, a vivir a un nivel muy alto. Y eso, a los 23 años, se te sube a la cabeza, pierdes la realidad.
¿Y qué le trae España?
Me enamoré de un Dj, Óscar Mulero. Y da la coincidencia que a los seis meses Dolce&Gabanna va a abrir tienda en Madrid. Estaba en el momento justo en el sitio adecuado. Me presenté a la entrevista y encajé con María Álvarez, mi mentora. No me impresionaba ese mundo porque ya lo conocía y tengo una imagen que cae en gracia.
¿Cuántos tatuajes lleva?
No lo sé. Pero para mí ha sido un orgullo demostrar que se puede llegar donde uno quiera con la imagen que uno haya elegido. Domenico Dolce me pidió que los enseñara. Pero en 2003 la «boutique» estaba entre Chanel y Valentino y pasaba la clásica señora con las Tod´s y el bolso Kelly y decía «qué vergüenza, esos pantalones rotos, esos rosarios blasfemos».
Y se encarga personalmente de los Beckham. ¿La llamaban de repente?
«Mañana tengo una fiesta». Ya conoces sus gustos, preparas varios estilismos y se los llevas. Ellos te envían el chófer o el avión.
¿Y cómo son?
No lo digo por quedar bien. Miro atrás y veo la suerte que he tenido de vivir momentos tan cotidianos con David y Victoria. He estado en su casa. Montaban pequeños desfiles. No digo que seamos amigos, pero sí hay una relación de cortesía.
¿Se dejaban aconsejar?
Totalmente, aunque tienen mucho criterio. No tienen estilista ni lo necesitan. Ella tiene muy buen gusto y es muy divertida.
¿Cómo dice?
Da otra imagen. Yo he salido con ella y había una horda de «paparazzi» insultándola. Eso quema. Jamás me pidió que le cerrara la boutique. La gente abría la cortina del probador y ella siempre era educada.
¿Tuvo que firmar un contrato de confidencialidad?
Todos los que trabajan con ellos.
Pues algunas se han hecho de oro contando intimidades.
Pero creo que le cayó una multa. Yo no me lo he planteado jamás. Para mí la confianza es básica en mi trabajo.
¿A qué más celebridades vistió?
A Jennifer López. Llegó tapada, rodeada de guardaespaldas. Al final no se puso lo que le preparé después de tres días sin dormir. Ocupaba una planta entera en el Palace. Con Rafael Amargo aún conservo una buena amistad. Y Ana Obregón, Anita, es divertidísima, educadísima ¡loca! El vestido con el que dio las campanadas de fin de año, gris con corsé, se lo elegí yo. A Naty Abascal, a la baronesa Thyssen. Guardo un «Christmas» que me envió Isabel Preysler.
¿Deja todo eso y se viene a Valencia?
Me llaman de Heineken Internacional y vengo a montar el Greenspace. Me enamoro de Valencia, de la ciudad, del mar, de la luz, del Cabanyal, y lo dejo todo. Luego trabajo en ACM. Después me proponen la terraza de l´Umbracle. Dos proyectos estrella. Y ahora llevo casi un año en Laydown, en Mercado de Fuencarral Valencia.
¿Su próximo reto?
He hecho todo lo que quería y más. El reto más grande de una mujer en el siglo XXI es ser madre y tener una familia.