MARÍA JESÚS HERNÁNDEZ LAS PALMAS
El pequeño robot submarino fabricado por la Universidad de Rutgers (EE UU) para cruzar el Atlántico desde Nueva Jersey hasta Galicia, está a punto de llegar a la meta guiado por el grupo de investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) que dirige Antonio González Ramos.
La nave, bautizada por los científicos americanos como Slocum Glider y por los españoles como Piolín "porque es amarilla, tan veloz que casi vuela, tiene un poco de canario y habita en un mundo donde hay muchos gatitos dispuestos a comérsela", está a unos escasos 650 kilómetros de su destino. Con sólo 60,6 kilos de peso y 2,4 metros de longitud, ya ha recorrido más de 5.300 kilómetros de viaje transoceánico, salvando múltiples escollos, como ataques de calamares, golpes de tiburones y, lo que parece ser su peor enemigo, la adherencia de percebes a la nave que complica su navegación.
Su trayectoria es, día a día, diseñada por el grupo de investigación de la Estación de oceanografía espacial SEAS Canarias del Departamento de Biología de la ULPGC encargado de suministrar información de satélite en tiempo real al centro de mando en Jersey.
El submarino posee sensores para medir la temperatura, campos de corriente, la salinidad y la profundidad durante el trayecto de navegación. Datos, que son recopilados cada 20 segundos y enviados vía satélite para calcular la densidad y las corrientes del Atlántico Norte, ayudando investigar sobre las poblaciones de peces y la interacción del océano con el sistema climático global, ya que actualmente existen muy pocos datos sobre las condiciones oceánicas bajo la superficie.
Aunque en un principio estaba previsto su desembarco en Lugo, los investigadores han cambiado el destino a Baiona, en Pontevedra, un puerto que, por sus connotaciones históricas va a contribuir a enriquecer la hazaña de este pequeño droide submarino de navegación automática no tripulada, dado que allí llegó en 1493 la carabela La Pinta, el segundo barco más grande de Colón, de hecho la ciudad acoge un museo con la réplica de la embarcación.
Los investigadores prevén culminar el proyecto en el plazo de 30 ó 40 días, dependiendo de las características climáticas y de los imprevistos que vayan surgiendo. El éxito de este proyecto supondrá un gran avance en las investigaciones oceanográficas, así como una alternativa al uso de los costosos barcos oceanográficos. Estos dispositivos, denominados como la "nueva generación de la oceanografía", tienen un coste aproximado de 120.000 euros.
Pero el trayecto de Piolin no está exento de anécdotas. Entre las más llamativas, destaca su lado más humano ya que transporta consigo cartas de escolares de Primaria de 20 colegios estadounidenses, que serán abiertas en Galicia.