ENTREVISTA DE PACO CERDÀ | FOTO DE PILAR CORTÉS
Un cooperante siempre es alguien admirable. Pero ayudar a los demás en el peligroso Afganistán roza el heroísmo. ¿Por qué ha elegido este camino?
Porque se trata de mi país y quiero ayudar a la gente más pobre en la medida de mis posibilidades. Si no les llega la ayuda que les ofrecemos, en muchas ocasiones acabarán muriendo.
Usted ha pasado de ser diputado en el Parlamento nacional a cooperante. ¿Hay más trabajo en la calle que en el despacho?
Sí, claro. El trabajo está en los pueblos, con la gente. Es evidente que también hay trabajo burocrático, pero yo toco muy poco la oficina y no paro de moverme por los pueblos más remotos para distribuir la ayuda.
¿Cuáles son las acciones más urgentes?
Lo más prioritario es llevar agua potable a los pueblos que carecen de ella, que son la gran mayoría. Después, necesitamos dar trabajo para que cada familia tenga ingresos. Hay otras necesidades. Una es potenciar el sistema educativo formando a profesores, facilitando material y construyendo colegios. Y la otra, apoyar la agricultura.
El invierno se antoja duro por el frío, la violencia y el encarecimiento de los alimentos…
Sí, yo estoy acostumbrado a las bajas temperaturas. ¡En algunas zonas llegamos hasta los 48 grados bajo cero! Lo más importante es que los caminos y las carreteras se limpien de nieve. Eso es crucial para acceder a los mercados y comprar alimentos, y para que los ciudadanos puedan recibir atención sanitaria. El año pasado recuerdo que tres mujeres embarazadas se encontraban muy mal y no podían ir al hospital. Al final, se limpiaron las carreteras y lograron salvarse ellas y salvar a sus bebés.
Nuestra imagen de Afganistán se reduce a violencia, talibanes y burkas.
Los talibanes son un grupo militar que luchan bajo el nombre del islam pero que tienen objetivos políticos y ambicionan el poder. No tienen nada que ver con la sociedad afgana.
Usted ha sido diputado, tiene una elevada cultura, sabe inglés… ¿Se pregunta qué hace trabajando de cooperante?
Es cierto que me han ofrecido otros trabajos más administrativos y burocráticos, pero yo he elegido esto. La gente me conoce, confía en mí. Eso me hace sentir a gusto.
¿Cómo que confían en usted?
Te pondré un ejemplo. Hace años, en un enfrentamiento asesinaron al gobernador de mi provincia y también a un talibán. Ambas partes me pidieron que hiciera de intermediario para el canje de los cuerpos. Porque me ven como un hombre de paz.
¿Qué bienestar es el que más le sorprende de nuestra sociedad?
Los niveles de vida son incomparables. Un afgano no puede ni soñar con vivir como vosotros. Tendrán que pasar cientos y cientos de años para que lleguemos a este nivel. En Afganistán, la gente piensa en dos cosas: cómo sobrevivir a la violencia y cómo conseguirá ése día la comida para seguir con vida. Lo que más me choca al venir aquí es que vuestras preocupaciones diarias son diferentes.
Son más banales.
Yo no diría eso. Son incomparables. En Afganistán, una madre quiere que su hijo descalzo tenga mejor ropa o sueña con un trozo de pan, nada de carne o arroz.
¿Por qué hay que ayudar a Afganistán?
Porque si no pacificamos Afganistán notarán las consecuencias en todas partes. Y, sobre todo, porque todos los seres humanos formamos parte de un mismo cuerpo. Si una parte sufre, las demás también.