Acaba casi de aterrizar en Valencia procedente de Barcelona y enseguida toma otro vuelo en dirección a Málaga. Es, como él dice, un maratón que le ha llevado a coger cuatro aviones en un solo día. Una locura a la que está acostumbrado. "Hola, Valencia, ¿cómo están? - grita Alejandro Fernández con marcado acento mexicano- ya me dio tiempo de echarme un arrosito". Y las fans, amontonadas en el Mercado de Colón de Valencia, comienzan a gritar.
Hijo de uno de los más célebres cantantes de rancheras, apodado "el Potrillo", con fama de mujeriego, Alejandro Fernández ha decidido hacerlo todo a lo grande. Ha puesto en el mercado -desde el 8 de diciembre- no uno, sino dos discos, "Dos mundos". Uno de rancheras, "Tradición", y otro de pop, "Evolución", los dos géneros que siempre ha manejado. "Es como mi propia vida -explica- crecí en el campo, entre caballos, con la naturaleza, y luego tenía la ciudad, los amigos, la escuela, la universidad, las fiestas. Tenía la dualidad de ambos mundos. Artísticamente igual, empecé con la música folclórica y luego pasé al pop y en los "shows" siempre es así". ¿Con qué se queda? No puede elegir. "Pero en los directos el mayor éxtasis llega cuando salgo vestido de charro y con el mariachi".
¿En qué se inspira? La pregunta la lanza una seguidora. Cadena Dial ha ofrecido a un grupo de oyentes la posibilidad de acercarse a su ídolo. Alejandro no duda ni un segundo: "En la mujer, la mujer es mi musa". Con la que polémica que se ha organizado en torno a la letra de una de sus canciones, "Unas nalgadas". Se le ha acusado de fomentar la violencia machista. No elude la cuestión, pero trata de quitarle hierro. "Jamás quisimos faltar el respeto. Esta canción tiene que ver con la tradición, nuestra cultura mexicana, la picardía y el humor de las composiciones de Joan Sebastián. En ningún momento hubo el menor afán de ofender... o lastimar a nadie".
¿Le gusta cantar al amor o al desamor? "Me da igual -aclara- aunque por alguna extraña razón a la gente le gustan más las canciones de despecho, de desamor". El -casado y divorciado dos veces, cinco hijos- se siente afortunado, tiene el corazón "en su punto". No es su primera visita a Valencia. Y cuando le preguntan qué le parecen las mujeres valencianas salta al instante: "¡Bellísimas!".
Le piden que cante "Pero no la beses", pero la memoria le traiciona. No recuerda la letra y tiene que reclamarla. ¿Para cuándo un concierto en Valencia? Probablemente en verano "cuando ya me sepa las canciones", bromea. Y confiesa otra pasión, el cine. "Si me hicieran una propuesta interesante sí me arriesgaría". Finalmente, un deseo. "Lo único que le pediría a Dios es salud para mí y para mis hijos y que un día, hechos unos hombrecitos, estén orgullosos de lo que ha hecho su padre".