SUSANA GOLF VALENCIA
El diseñador de moda Karl Lagerfeld lo sentenció al presentar su colección del pasado verano: el lujo será elegante y discreto o no será. En plena crisis financiera global, el mercado del lujo continúa existiendo pero se enfrenta a una redefinición. Por un lado, la oferta de bajo coste crece y se multiplica; por otro, la exclusividad continúa teniendo su público y, en lugar de masificarse, se personaliza. Pero parece claro, como preconizó el kaiser de la moda, que lo hace en el extremo opuesto a la ostentación.
Conscientes de la situación, las firmas internacionales del sector del lujo se reunieron el pasado verano en Montecarlo y, a nivel nacional, en primavera en el IESE de Barcelona. La cuestión, cómo responder a la crisis. No hay una sola estrategia. En Valencia, en una mesa redonda organizada por la asociación de diseñadores de moda Dimova, a finales del año pasado, los ponentes apostaron por el bajo coste y el lujo asequible como un posible camino a seguir. Hay fenómenos como los de la cadena H&M que "ficha" a grandes modistos como el propio Lagerfeld, Viktor&Rolf, Stella McCartney o Jimmy Choo y hace posible la "masificación" del lujo.
Sin embargo, hay quien cuestiona esta política por contradictoria en sí misma: si el lujo está al alcance de todos, deja de ser lujo. Hay que recordar que, a la hora de consumir exclusividad, prima el factor emocional sobre el racional.
Nombres de altura son contrarios a rebajar precios. A cambio, ofrecen mejores o más personalizados servicios y calidad artesana para que no cueste pagar. Entre uno y otro puntos cardinales, hay fórmulas mixtas. Prácticamente todos los "grandes", aunque mantienen sus exclusivos productos al alcance de unos pocos, lanzan series de productos accesibles, como llaveros,pañuelos, carteras, pequeños detalles. Como siempre se ha dicho, quizá no puedas llevar vestir de Dior, pero sí oler a Dior. Las fronteras también se difuminan entre los clientes: ahora el que tiene capacidad económica sigue comprando chaquetas de diseño pero las combina con vaqueros baratos de una cadena comercial. Es más, esta combinación se ha convertido en lo más "in". Lo definía en el foro de Dimova Javier Montava, especialista en tendencias: "está en alza el nuevo perfil del consumidor llamado masstige, que compra en lujo pero también picotea en low cost". Otra cara de esta misma moneda es el alquiler de productos inalcanzables en compra.
Ética y ecologismo sí
Lo que sí parece claro es que los millonarios, que por supuesto los sigue habiendo, se han vuelto más discretos. Y más, digamos, éticos. Primero, porque hacer ostentación de riqueza en los tiempos que corren resulta "obsceno", incluso vulgar. Los embalajes se simplifican, desaparece la fiebre del logo y el marquismo, aumentan las fiestas privadas y los diseños de la pasarela de alta costura de apuntan a esta sobriedad. Lujo sin brillos. También se detecta un mayor interés del consumidor de lujo, y por tanto una respuesta por parte de las firmas, por la ecología.
Nuevos mercados, nuevos "nichos"
A pesar de que el lujo es un mercado exclusivo destinado a una clientela selecta y, por tanto, reducida, la globalización y la crisis han llevado a las grandes firmas a abrir mercado. La oferta de productos bajo el paragüas de un diseñador o una marca de coches o una firma de complementos es cada vez más amplia y abarca un gran abanico de precios. Sociológicamente, el sector del lujo busca a una clase media que quiere parecerse en la medida de sus posibilidades a la alta. También públicos más jóvenes. Y, por supuesto, mercados emergentes o que se han resentido apenas de la crisis o están saliendo de ella. Por ejemplo, Rusia, China o Brasil. s.g. valencia