LEVANTE-EMV VALENCIA
El caso de la nueva "señora Robinson" está lleno de elementos folletinescos pero es real y ha irrumpido, no en el papel cuché, sino en la más alta política de Irlanda del Norte. Peter Robinson, primer ministro, se ha visto forzado a dejar el puesto tras conocerse los devaneos de su esposa, una diputada conservadora, con un joven de 19 años y su padre carnicero.
El detonante de la crisis institucional no ha sido el "affaire", por el que el mandatario ha perdonado a su mujer, en sí, sino, como suele ser habitual, las mentiras, la doble moral y los abusos y tratos de favor que conllevaba. El escándalo Robinson presenta la peculiaridad de que ha sido ella la infiel. Pero los líos sexuales se han entrecruzado con la política de Estado en numerosas ocasiones anteriores, sobre todo en Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia. Parece que no en España.
Los ejemplos más sonados son los del ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, y de "Il Cavalieri" Silvio Berlusconi, aunque el primero nunca dimitió y el segundo continúa al frente del Gobierno de Italia. Cuando aún se recuerda el famoso caso Lewinsky un libro revela que que, durante la campaña de su esposa Hillary, Clinton volvió a las andadas. En cuanto a Berlusconi, los escándalos se han sucedido: la relación con una menor, las fiestas privadas con prostitutas, el divorcio de su esposa...
Más caro lo pagó Johh Edwards, ex candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos con Obama, la carrera del demócrata se truncó tras confesar un romance extramatrimonial que había estado negando pese a las "pilladas" y los rumores.
"La buena esposa", una serie inspirada en el caso real de Spitzer
No ha podido ser más oportuna la cadena de televisión norteamericana Fox con el estreno de su serie "The good wife" (La buena esposa), que también ha llegado a las pantallas españolas. Producida por Ridley y Tony Scott e interpretada por Juliana Margulies ("Urgencias") y Chris Noth (Mr. Big en "Sexo en Nueva York") plantea el dilema "¿Qué pasa con las mujeres de los políticos caídos en desgracia por escándalos sexuales o por corrupción cuándo vuelven a casa tras comparecer apoyándoles públicamente?"
Pero el serial no es ficción; parte de un caso real: el escándalo del gobernador de Nueva York Elliot Spitzer, obligado a dimitir por su relación con una prostituta. La historia arranca con la clásica comparecencia ante las cámaras del político caído en desgracia al que acompaña su sufrida esposa (la imagen superior corresponde a la conferencia de prensa real de Spitzer en marzo de 2008).