TEXTO DE SUSANA GOLF
La moda tiene bastante de circo. El circo y la moda son espectáculo. La vida, el mayor espectáculo del mundo. La jornada de clausura de la VIII edición de la Semana de la Moda de Valencia desmontó ayer la carpa con espectáculo. El del circo decadente que inspira colecciones, el de los fogonazos de moda pura y el de los corsés potentes y sugerentes en cuero. El circo y la moda —y más en los tiempos de crisis— tienen en común su capacidad de crear una ilusión, de vender magia. La carpa de la SMV volverá a desplegarse en septiembre.
Sobre la pista, la maestra de ceremonias, la trapecista y la payasa. Todas son Tonuca. La diseñadora se identifica con los tres personajes (su lado masculino, su lado femenino y su lado infantil) y utiliza la metáfora del circo en una colección algo inédita y en un momento de tránsito.
Es un circo de principios del siglo pasado, un circo de mujeres barbudas y bigotudos musculosos. Es el circo ambulante y delirante del Doctor Parnassus. Crudo, rojo y negro en terciopelo y algodón, sombreros de copa. Vestidos de volantes. Pantalones de montar jodhpur y levitas. Faldas bombón. Pero el circo entra en decadencia. El rojo se vuelve granate primero, burdeos después. Desencanto y nostalgia. Pero siempre habrá niños a los que hacer reír.
Y el espectáculo continuó. El desfile de cierre se le encomendó a los corsés de Maya Hansen. Que venían envueltos en el look Amelia Earhart, la aviadora desaparecida en 1937. Todo cuero pero con un espíritu más aventurero que bondage. Natural, negro, chocolate, verde botella o granate, cazadoras doble faz, hebillas, metal, abrigos militares. La pasarela valenciana volvía a reivindicar a la mujer poderosa. Maya Hansen convierte el corsé en monos oro y plata de heroína de cómic, vestidos lady de falda entubada o damas victorianas. Puro circo.
Pero a veces el espectáculo está en la moda pura, sin artificio. En el buen gusto de Ion Fiz. Elegancia, savoir faire y sutileza. Tan sencillo como esas blusas de organza semitransparente asomando volátiles de las mangas. Tan fácil como esos lazos en azul a modo de pincelada sobre gasas en tonos neutros. Colección lady y chic pero que no resulta retro sino rabiosamente actual. Una paleta suave —tofee, tostados, chocolate, rosa ahumado, turquesa además del negro— y unos buenos tejidos —satén de seda, alpaca— hacen el resto. Faldas corola o tubo, espigados pantalones cigarette. Cinturones finos o fajín, cintas, encaje plumeti, estolas o cuellos de pelo, tocados (de El Jardín de Lulaila) y demás dibujan una mujer sofisticada y algo enigmática. París en la retina. El desfile concluyó con un furreau salpicado de strass que era un sueño, a la manera de la gran costura del siglo pasado, y que ya quisiera para pisar la alfombra roja Penélope Cruz.
Lavandera, Yiyi Gutz y Nona
Para Mónica Lavandera la forma manda. El corte, el patrón. La arquitectura y la geometría en tela. Cuellos adheridos y cerrados. Pliegues que marcan curvas, faldas recogidas con hebillas. Oscuridad (negro, gris, gris azulado, azul grisáceo) y luz al final del túnel (plata). Yiyi Gutz recorre la línea que separa la locura de la cordura. Colección con un punto inquietante. Chaquetas que simulan camisas de fuerza, vestidos que parecen camisones y batas. Pantalones de talle bajo. Sastres de espiguilla. Blusas ellas, camisas blancas ellos. Detalle de gemelos y botones al cuello. Minis muy minis con cierta asimetría. Medias desgarradas. Microchalecos. Raso negro con algo de rosa para la noche. Gasa color vino.
Esencial se presenta Noelia Navarro (Nona). Negro absoluto que delega todo protagonismo en las formas entre la naturaleza (ondas), la lección de geometría (conos) y la rigidez (piezas cosidas, cuellos drácula). Mucha piel al descubierto. Microfaldas. Hombros destacados con capelinas onduladas o moulage superpuestos. Vestidos que fluyen, asimetrías suaves. tiras de efecto flecos. Ejercicios de construcción y deconstrucción. Zapatos atados con cintas de tul.
Este circo ha durado tres días y contado con 17 artistas y ha sufrido las iras de la crisis pero, como todo buen espectáculo, ha procurado que el público no notara el recorte presupuestario: 150.000 euros menos sobre el millón habitual. Sobre la pista, colecciones monocromáticas y faldas muy cortas (estratagemas frente a las estrecheces), negro frente a estallido de color, moda para hombres nuevos y para mujeres que pisan fuerte. Momentos brillantes, momentos buenos y menos buenos.