S. G. VALENCIA
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Sostiene el periodista José Luis López Galiacho que el famoso se había convertido en una especie en peligro de extinción y por ese motivo la prensa del corazón empezó a crearlos, a inventarlos. La gran fábrica "de la nada a la fama", en feliz expresión de Margarita Rivière, son los reality shows y el caso más extremo, Gran Hermano, que en España lleva 10 años en antena y suma 164 concursantes.
En La fama. Iconos de la religión mediática, Rivière dedica todo un capítulo al fenómeno OT (Operación Triunfo) como uno de los casos más claros de "profesionalización de la fama mediante su conversión en espectáculo de masas". Los llamados triunfitos -de los que sólo unos pocos han hecho carrera musical- se ganaron la animadversión de muchos cantantes profesionales por la fama exprés que obtenían, una fama la mayoría de las veces con pies de plomo y poco o nada duradera pero que transmite la impresión de que llegar a lo más alto es fácil.
Pero en OT aun hay que cantar. En GH no hay que hacer nada, excepto dejarse grabar por una cámara 24 horas al día, convivir, ser polémico, hacer edredoning ... Margarita Rivière cree que el prodigioso éxito de este programa se debe "a la conversión de la televisión en la materialización del sueño del 'voyeur' que observa a los demás por el ojo de la cerradura". Esta fama, veloz y efímera, no termina con el concurso. Los concursantes, que son seleccionados entre el anonimato cuidadosamente, pasan, tras dejar la casa de Guadalix de la Sierra, a hacer rondas por todos los programas de Tele 5 -si son listos, por otras cadenas-, abren blogs, aparecen en las revistas, posan para Interviú, hacen bolos y, a menudo, terminan convertidos en tertulianos, otra nueva clase que se sienta junto a los periodistas, lo que muchos consideran intrusismo.
Este tipo de fama no siempre es bien considerada. Pasada la moda de los personajes estrafalarios los ex concursantes de telerrealidad son una suerte de nuevos freakies. Las revistas de "más solera" y las grandes firmas de prestigio los rehuyen. No los quieren en sus fiestas ni en su publicidad, no les interesa que luzcan su producto (recuérdese los problemas que tuvo Belén Esteban por encontrar vestido de novia).