El Parlamento de Holanda, país de referencia en cuanto a libertades, acaba de prohibir el bestialismo ( relaciones sexuales entre humanos y animales) y en muchos países europeos , entre ellos España, el asunto se ha tomado a broma en la prensa. Como suele ocurrir en estos casos, ha salido gente docta a la palestra y la polémica se ha generalizado. Por lo que he podido leer, los argumentos en contra de la prohibición se basan en dos consideraciones fundamentales.
De una parte, no se estima que un animal sea un bien jurídico a proteger, excepto en caso de mal trato, y de otra, se alega que las relaciones sexuales de cualquier clase pertenecen al ámbito privado y no hay derecho a inmiscuirse en ellas por criterios de moralidad. Todas las opiniones son respetables pero , a mi juicio, estas adolecen de una cierta inconsistencia . No voy a ponerme a discutir ahora (la cuestión tiene una gran profundidad teológica) si los animales tienen el mismo derecho a la vida que el hombre en cuanto animal dominante en el reino animal. A la vista está que no.
La inmensa mayoría de los animales están a nuestra disposición bien como alimento, bien como diversión , o bien como elemento de compañía, y de trabajo. En realidad, el progreso humano no se entendería sin la subordinación y sacrificio del resto de los animales. Ahora bien, sostener, desde España, que un animal no sea un «bien jurídico a proteger excepto en caso de maltrato», choca con la realidad de las corridas de toros y de tantas fiestas populares en las que los animales son objeto de brutales agresiones. Y algo parecido podría decirse de la pretensión de amparar las practicas de bestialismo bajo el manto de privacidad de las relaciones sexuales consentidas entre adultos.
¿Como se demuestra que un perro, un gato o una burra han dado su consentimiento a una relación con un humano? ¿Hay que oírlos ladrar, maullar o rebuznar de una forma especial? ¿Hay que esperar a que presenten denuncia en la asociación protectora de animales? ¿ A partir de que años un animal puede ser tenido como mayor de edad?
Al margen de todo ello, no podemos negar la evidencia de la zoofilia desde tiempos remotos y más o menos legendarios. Los dioses griegos gustaban de transformarse en animales para tener relaciones amorosas con humanos, y está por aclarar la clase de relación que hubo entre Adán y Eva y la serpiente en el Paraíso (En cualquier caso, si se supo que, a partir de aquel momento, quedamos condenados por Dios a servirnos del sexo para reproducirnos).
Tampoco nos explicó Kipling, en su famoso Libro de la selva, como fue el despertar sexual de Mowgli, el niño criado entre lobos. Ni Rice Burroughs, si entre Tarzán y la mona Chita hubo algo más que simpatía y buen rollo. Cada vez que se habla de bestialismo, o de zoofilia, me acuerdo del caso tremendo que se dio en Ourense, en la zona donde el río Miño hace frontera con Portugal, aun no hace tantos años.
Un hombre intentó copular con una gallina a la que mantenía entre sus brazos y se arrimó a una roca que se encontraba en equilibrio inestable. El vaivén de sus movimientos provocó que la enorme piedra se le cayese encima, y falleció aplastado por ella. La gallina objeto de aquel insólito ataque lujurioso pudo salir viva del lance. Las crónicas no nos aclaran si se trató de una relación consentida o de una violación.