ENRIQUE AMAT CASTELLÓ
El inicio de la feria taurina de Castelló vino marcado por la resaca del debate sobre la fiesta de los toros en el Parlamento de Cataluña. Un foro en el que los antitaurinos de carnet han esgrimido contra el toreo argumentos tan peregrinos como aberrantes y fuera de toda consistencia. Los gritos, berridos, bramidos, rebuznos, alaridos, aullidos, graznidos, rugidos y ululatos con los que han tratado de defender sus argumentos tuvieron en algunos casos proporciones considerables.
Pues bien. Después de todo, habría que decir aquello de "ladran, luego cabalgamos". Una frase que, por error, tradicionalmente se ha atribuido a El Quijote. Lo cierto es que existe un anónimo latino que asegura: "Latrant et scitis estatint praetesquitantes estis", o lo que es lo mismo: "ladran y sabréis enseguida que estáis cabalgando por delante de los demás". Aserto según el cual la persona de éxito no mira hacia atrás: busca su meta, a pesar de tener gran cantidad de enemigos que, como perros, le siguen y ladran para descomponerle, para que caiga y cambie su rumbo. Y ello es lo que están sufriendo los aficionados a los toros.
Por ello lo importante es que ayer, a las cinco, se abrió la puerta de cuadrillas y todos para adelante. Aunque, eso sí, en la confianza de que los propios taurinos no socaven desde dentro los cimientos del toreo. Y es que a veces algunos de éstos pueden llevar a ser más peligrosos que los propios antitaurinos. Por ello, aunque los toros sean cultura, no debe dejar de estar la autoridad presente, para salvaguardar el interés de los aficionados, que son los que pagan y mantienen el espectáculo.
Ayer, la verdad es que los aficionados que fueron a la plaza merecieron una medalla al mérito taurino, al sentarse en los tendidos en una tarde gélida y con un cartel escasamente novedoso.
Lo más noticioso era la vuelta los ruedos de Jesulín de Ubrique. Más de uno se pregunta cuáles han sido las motivaciones internas de este espada para seguir en los ruedos. Ayer dio la impresión de que su momento ya pasó y de que la jesulinmanía es ya de otra época.
A Jesús Janeiro se le vio, eso sí, técnico, fácil, compuesto y profesional, pero también cómodo, sin comprometerse en ningún momento, escaso de ilusión y con muy poco que decir.
Los toros de la familia González lucieron variedad de pelajes y tuvieron más romana que cabezas. Con más fachada que fondo, renegaron en varas, blandearon y, aunque nobles y sin complicaciones, desfondados, exhibieron una muy justa raza.
"El Cordobés" cortó la única oreja de la tarde. Abierto y comunicativo, estuvo afanoso, vulgar y periférico ante el primero. Y se le vio tesonero y buscando las vueltas al quinto , en un trabajo rematado con sus habituales "ranazos".
Por su parte Matías Tejela no terminó de confiarse frente a su primero, que se defendió y que embistió con un punto de genio. Y abrió su labor alsexto con un pase cambiado en el platillo, consiguiendo lucirse en dos entonadas series en su toreo al natural.