ENRIQUE AMAT CASTELLÓ
Parece ser que la gota fría está queriendo mostrar su condición de aficionada a los toros y ha decidido estar presente en estos primeros festejos de la feria. Eso sí, respetando la celebración de los mismos , pero envolviendo los espectáculos en un ambiente invernal, gélido y desapacible. Ayer incluso lució el sol, pero aires polares azotaron a los sufridos espectadores. Un público, eso sí, entusiasta, y con deseos de pasarlo bien y disfrutar de todo cuanto hicieron, mejor ó peor, los rejoneadores y que respondió sin descanso a sus persistentes saludos. Y es que éstos acaban por resultar insoportables en su obsesión saludadora. Tras el paseíllo y cada vez que cogen un hierro. Y cada vez que van a clavar, y que colocan un rejón, y que salen del ruedo para cambiar de caballo y que regresan a él con una nueva montura.
Y eso que ayer el festejo resultó sólo vistoso y entretenido en fases aisladas del mismo. El ruedo castellonense se convirtió en una suerte de pista en la que galopaban los caballos a velocidades de vértigo. A más de uno se le vinieron a la cabeza los versos del poema A Galopar de Rafael Alberti: "Galopa, caballo cuatralbo/ jinete del pueblo,/ que la tierra es tuya./ ¡A galopar, a galopar,/ hasta enterrarlos en el mar!"
El balance de la tarde se vio condicionado por el juego del encierro de Los Espartales. Un lote de toros de desigual presencia, algunos con mucho cuajo y con gran fondo de nobleza, pero que duraron poco y se apagaron pronto. A ello contribuyó tanto su falta de raza como el excesivo de castigo que recibieron.
Antonio Domecq cumplió su labor de abrir plaza con suficiencia y buena monta, en una labor académica y compuesta aunque muy premiosa. El benidormí Andy Cartagena hizo lo más torero de la tarde. Paró y templó de salida a su oponente, llevándole siempre encelado y clavó reunido y arriba, luciendo por sus piruetas y requiebros en la cara y al clavar al violín. Leonardo Hernández exhibió una monta de gran pureza y ortodoxia a lo largo de una actuación en la que sobresalió por su entrega y al galopar a dos pistas. Álvaro Montes se mostró entusiasta y muy comunicativo. Recibió a porta gayola con la garrocha al astado que le cupo en suerte. Su labor, temperamental y algo acelerada, fue a menos.
Sergio Galán dejó llegar mucho pisando siempre terrenos de compromiso aunque falló matando. Y el riojano Sergio Domínguez anduvo errático, destacando en un aislado par al quiebro, y mató de una puñalada.
FICHA
Tres cuartos de entrada en tarde gélida. Toros de Los Espartales, bien presentados, nobles pero algo bajos de raza y muy aplomados, a los que se castigó en exceso. Antonio Domecq, silencio. Andy Cartagena, oreja. Álvaro Montes, saludos por su cuenta. Sergio Galán, silencio. Sergio Domínguez, saludos por su cuenta. Leonardo Hernández, palmas. Entre las cuadrillas destacaron Raúl Martí y Enrique Cartagena. Presidió, correctamente, Manuel Hermoso. Pesos de los toros: 528, 576, 509, 595, 512 y 525 kilos. 583 kilos.