ENRIQUE AMAT VALENCIA
Era uno de los festejos más esperados de la feria. Se había planteado como todo un acontecimiento la conmemoración de los 20 años de la alternativa de Enrique Ponce. Una efeméride que requería de un esmerado escenario y unos ingredientes rutilantes, como los ofrecidos hace unos días por ese gran aficionado que es Tico, del Café Alameda en el vigésimo aniversario de ese local.
Sin embargo, el ingrediente elegido para esta conmemoración fue un encierro de Zalduendo. Lo cierto es que Fernando Domecq envió un lote de astados de muy desigual presentación, algunos de ellos muy pobres de cabezas, cuyo juego no terminó de romper. Y eso que ambos espadas, sobre todo El Juli les ayudaron, y mucho, a romper y terminaron pareciendo mejores de lo que en realidad fueron.
Noble, se desplazó sin gas el comodísimo ejemplar que abrió plaza, muy escaso de trapío. El terciado segundo tuvo un fondo de calidad aunque bajo de raza y transmitió algo, muy ayudado por su matador. Mejor presentado el tercero, que tomó los engaños con fijeza y prontitud aunque acabó yendo a menos.
Muy remiso y queriéndose ir el cuarto, rajadito y bajo de casta, en tanto que el quinto, más ofensivo, hizo tomar el olivo a su matador de salida. Sembró el desconcierto en los dos primeros tercios a pesar de tomar tres puyazos, y resultó manso y muy complicado, embistiendo a oleadas, con la cara por las nubes y un muy peligroso pitón derecho. Y el cierraplaza tuvo mucha fijeza y movilidad.
Los argentinos aseguran siempre de que en la vida es necesaria la suerte, de que para triunfar en la vida es necesario tener el celular de Dios.
Ayer El Juli puso de manifiesto que en la vida no todo es esa suerte. Y es que el madrileño dio una gran tarde de toros el día de la fiesta grande de Ponce. Ambicioso y rotundo, mostró una enorme dimensión de figura. Se le vio ambicioso, responsable, seguro frente a tres toros de diferente condición a los que ayudó mucho a romper y enseñó a embestir a base de quietud, de sometimiento y mano baja. En el recuedo queda también su colosal estilo estoqueador y un emocionante quite por lopecinas o zapolinas, según un aficionado mejicano.
Enrique Ponce muleteó con limpieza y estética aunque escaso poso a su primero, y firmó un trabajo de más expresión que hondura ante el tercero, en una labor paciente y dando terrenos y tiempos al toro. Su carácter de figura quedó de manifiesto ante el peligroso y complicadísimo quinto, al que plantó cara y acabó robándole muletazos por la izquierda a base de tragar y consentir.
Ficha
?Plaza de toros de Valencia. Lleno en tarde soleada y fresca. Toros de Zalduendo, de muy desigual presentación, algunos muy pobres de cara y manejables aunque no sobrados de raza. Enrique Ponce (grana y oro), silencio, oreja y saludos tras aviso. El Juli (grosella y oro), dos orejas, saludos y dos orejas. Actuó como sobresaliente David Sánchez Saleri (arena y oro), oportuno y quien colocado. Entre las cuadrillas lucieron en la brega Alvaro Montes y Alejandro Escobar.
Presidió Amado Martínez, con acierto.
Pesos de los toros por orden de lidia: 505, 501, 525, 564, 534 y 503 kilos.