PEDRO TOLEDANO VALENCIA
Algo más de media plaza en tarde fría. Toros de Alcurrucén, desiguales de presentación y juego aceptable. Manuel Jesús "El Cid", tabaco y oro. Estocada desprendida y descabello al tercer golpe. Aviso. (Palmas) Pinchazo saliendo la espada rebotada produciéndole un corte en la cara. Estocada. Aviso. (Fuerte ovación.) Por cogida de Luque, lidió el sexto de la tarde. Estocada. (Palmas.) Daniel Luque, grana y oro con los cabos blancos. Es cogido saliendo del lance con un puntazo en el gemelo de la pierna derecha. Estocada y descabello al segundo golpe. Aviso. (Pasa a la enfermería recibiendo una cariñosa ovación para no salir a matar su segundo.) Rubén Pinar, blanco y oro. Pinchazo, media, estocada y descabello. (Palmas.) Buena estocada. (Oreja).
Presidió Juan Moreno, sin complicaciones. Pesos por orden de lidia: 478, 533, 488, 541, 530 y 518 kilos.
No era la tarde que esperaba para reencontrarme con los lectores de Levante-emv. Un diecisiete de marzo siempre ha sido mucho más de lo vivido en la tarde de ayer. Puede que con menos frío, que en el termómetro no manda nadie, pero sí más calor y ambiente en los tendidos y, sobre todo, toreros más comprometidos, más asolerados, más deseosos de revalorizar su cartel. Si la actuación de los toreros hay que juzgarla siempre a través de los toros que tienen delante, en la tarde de ayer se puede decir que a excepción de Rubén Pinar, en el que hizo quinto, ante el que superó con ganas y desparpajo las dificultades que le opuso, y con menor nota, Daniel Luque en el único que mató, el resto del desigual encierro de Alcurrucén mereció más de lo que recibió de sus matadores.
No fueron los toros de los hermanos Lozano un lote asequible para el lucimiento al uso, pero sí para mostrar ese compromiso que los toreros que quieren subir enteros vienen mostrando siempre a comienzos de temporada. Cierto que de salida ninguno se dejó torear con el capote con facilidad, que del caballo se salían sueltos, pero después del tercio de banderillas llegaban a la muleta con movilidad y bondad, tomando la tela con condicia. Era pues, corrida para que cada uno de los espadas anunciados dejara escrito en el albero valenciano lo que quieren ser en la temporada que acaba de comenzar. De los tres, el más veterano -también el más castigado por los toros-, Manuel Jesús "El Cid", ha sido el peor parado. Y todo a pesar de haber tenido pasajes que invitaban al optimismo, como al torear con la izquierda a su primero, o al centrarse sobre la derecha en su segundo. Tener que matar un toro más por cogida de Luque no fue plato de agrado para el de Salteras. Se le vio un tanto desilusionado. Falto de ese convencimiento que tantas satisfacciones le ha dado a los aficionados que siempre le han valorado su condición de torero honesto y entregado. Tarde para meditar y mentalizase ante los compromisos inminentes de Sevilla.
Por su parte, Daniel Luque, uno de los grandes atractivos de las ferias de este inicio de temporada, y más si se valoran los retos que tiene que afrontar en Madrid y Sevilla, ha mostrado buena dosis de ánimo pero una vez más ha dejado a los aficionados sin los registros necesarios para que se le catalogue como un torero o poderoso, o artista o, simplemente, voluntarioso. Quizás un sólo toro no haya sido suficiente.
De Rubén Pinar, hay que decir que en sus dos toros se ha mostrado como un torero con actitud positiva, lo que se reflejó al entrar en todos los quites. Con aptitud interesante y con unas capacidades que permiten ilusionar.
A su incansable entrega se le suma un excelente manejo con la espada y el resultado es que, si los toros se mueven, él pone lo necesario para dejar contenta a la parroquia. Como así sucedió ayer durante la lidia del quinto toro de la tarde.