Un año más y van... fiasco de JP

Aparicio, Morante y Cayetano no tuvieron demasiadas opciones de expresar sus condiciones artísticasl El público puso calor y color a una tarde en la que faltó el elemento esencial de la fiesta, o sea, el toro

 
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Cayetano luciéndose en una muy personal tafallera al tercero de  la  tarde.
Cayetano luciéndose en una muy personal tafallera al tercero de la tarde.  ferran montenegro

PEDRO TOLEDANO VALENCIA Casi lleno en tarde más templada de lo que venía siendo norma hasta ahora. Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y juego y en conjunto muy flojos de fuerza. Julio Aparicio, fucsia y azabache, dos pinchazos y estocada. (Palmas.) Dos pinchazos y estocada. (Pitos.) Morante de la Puebla, azul y oro, media estocada tendida. (Ovación y saludos.) Tres pinchazos y descabello al segundo golpe propiciando un tremendo susto al salir rebotada la espada de cruceta hacia el callejón. (Pitos.) Cayetano, marino y oro, dos pinchazos, estocada y descabello. (Palmas.) Estocada atravesada y descabello. (Palmas.) Al finalizar la corrida Cayetano pasó a la enfermería para ser atendido de un varetazo en el escroto. Presidió sin problemas, Amado Martínez.
Los toros pesaron 502, 536, 517, 502, 516 y 556 kilos por orden de salida.


Se dice que el burro es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Que a la tercera, ya se lo ha aprendido y la evita. En adelante habría que decir que los turinos deben aprender del burro para evitar, en lo posible, la tercera, la cuarta la quinta y... Son demasiadas veces las que la ganadería de Juan Pedro Domecq nos obsequia en esta plaza con encierros que acaban siendo infumables para los toreros pero, sobre todo, para el público. Y cuando señalamos a los taurinos nos referimos no sólo a los empresarios, que son los que suscriben el contrato con el público, sino también a los apoderados y a los toreros que no escarmientan. Bueno, es justo decirlo, Enrique Ponce sí ha escarmentado y después de no sabemos cuántas tardes anunciándose con los toros de JP, en la presente edición ha declinado anunciarse con esta divisa. A estas horas y cuando todavía le quedan tres toros, debe estar contento, porque en esta ocasión se ha librado de la quema.
Y es que lo de ayer fue una pena, porque la tarde pintaba de lujo. Por ambiente, porque la plaza rozó el lleno -aunque en la taquilla sobró más papel del habitual en fecha tan señalada-, porque los toreros venían motivados y porque el público tenía unas ganas locas de ver torear como estos tres toreros saben hacerlo. Y conste, que a pesar de la ruina ganadera, hasta la media parte, de haber acertado los coletudos en el manejo de la espada, hubiera sido distinto. Sí, porque con ser el primer toro, es un decir, ejemplar de muy escasa plaza, tuvo bondad franciscana y como el público estaba por la labor de jalear al artista Aparicio. Todo cuanto hizo, como estuvo presidido por la despaciosidad y el buen gusto, que era lo único que el morito aguantaba, de haberlo finiquitado con mayor contundencia, seguro que le hubieran pedido algún trofeo. Con otro porte, más comprometido, siguió Morante de la Puebla en el segundo de la tarde. El toro, menos noble y con problemas por el izquierdo. El sevillano, que no había podido torearlo con el capote, sí lo hizo con la muleta en buen tono y con ambas manos, aunque destacando en el toreo sobre la derecha y en los remates de las series. Dejó media estocada tendida de la que el astado tardó el doblar enfriándose el ambiente. Con el tercero, escaso de todo pero con buena clase y algo más de fuerzas, la actuación de Cayetano hacía presagiar que la tarde podía ir remontando. Sin lucimiento en los lances de recibo, se creció en un quite por tafalleras de remate y ejecución muy personales que volvieron a poner calor en los tendidos. La distancia en los cites y la templanza en el manejo de la franela, dieron altura al quehacer de este Rivera que no supo refrendar con la espada lo que hubiera sido una muy meritoria actuación.
A partir del cuarto, el no hacerse el ánimo Aparicio; ser un manso con peligro el quinto, con el que Morante pasó un mal rato sin que el público lo quisiera ver, y un inválido el noblote sexto, al que Cayetano recibió con una muy jaleada larga cambiada marca de la casa Rivera, la tarde supo más a pena que al éxito que el público preconizaba al acudir con gran alborozo al coso de la calle de Xàtiva.

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