En una tarde de elevado nivel de los subalternos, ayer destacó la gran actuación que tuvo el banderillero Ángel Otero, de la cuadrilla de Julio Aparicio. Vestido con un terno negro y azabache con unos espectaculares cabos naranjas, saludó tras banderillear con exposición y verdad al que abrió plaza, premio que compartió con su compañero David García. Pero donde dio una dimensión de excelente torero fue en la lidia del cuarto. Lo toreó con templanza y mimo, andándole con torería para atrás, perdiéndole los pasos justos y economizando los capotazos al máximo, cambiándole los terrenos en ocasiones sin dar ni un solo lance. Sólo en un arreón final del toro cuarto, cuando éste se encontraba a punto de doblar le desarmó, pero ello no empañó su más que notable labor a lo largo de toda la tarde.
Mal estilo. En en polo opuesto habría que poner a Antonio Jiménez El Lili, de la cuadrilla de Morante de la Puebla. No es que estuviese mal, aunque lidió largando mucha tela y escaso de templanza, y luego banderilleó con vistosidad. Pero las voces y gestos inapropiados con las que se dirigió a sus compañeros de cuadrilla durante la lidia del segundo, dejaron mucho que desear. Sobre todo, en una profesión como ésta en la que el respeto se tiene tan a gala.