ENRIQUE AMAT VALENCIA
Un cuarto de entrada en mañana bochornosa. Novillos de FuenteYmbro, bien presentados y de juego muy manejable. Destacaron 2º y 3º. Juan Pablo Sánchez (turquesa y azabache), palmas tras aviso y silencio tras aviso. Carlos Durán (grana y oro), saludos y oreja. Juan del Álamo (sangre de toro y oro), saludos y ovación tras aviso. Presidió Francisco Peris. Pesos: 461, 447, 487, 489, 506 y 445 kilos.
Un encierro de FuenteYmbro, muy bien presentado, con algunos ejemplares con cuajo de toros, sirvió para calibrar las condiciones de la terna de actuantes en la segunda novillada de la feria.
Todos ellos se dejaron pegar en el caballo y resultó bonancible aunque con los viajes cortos el que abrió plaza. Excelente el segundo, con gran tranco en banderillas y que tuvo las virtudes de tomar las telas con tanta templanza como fijeza, calidad y derechura. Blandeó tras un volteretón el noble tercero, sobrado de fondo aunque le costó algo ir para adelante.
También tuvo mucho temple aunque acabó buscando los adentros y rajándose el cuarto. El quinto fue y vino aunque con cierta brusquedad y sin terminar de emplearse, y el sexto derribó en el caballo y acusó una pésima lidia, llegando al tercio final con nobleza aunque muy claudicante.
Aseguraba Manuel Benítez El Cordobés que: "En el toreo nadie da nada. O te arrimas o te vas a tu casa". Y el mexicano Juan Pablo Sánchez pareció llevar metido en la cabeza este aserto. Se mostró como un torero de seco valor y firmeza de plantas. Se quedó muy quieto frente a su primero, al que muleteó en el platillo mostrando seguridad, oficio y pisando terrenos de cercanías. Expuso mucho, si bien pecó de encimista y ahogar en demasía las embestidas de su oponente.
Volvió a lucir en las distancias cortas con el cuarto, en otro trabajo de sincera entrega aunque de nuevo encimista y algo amontonado. Sufrió una fortísima voltereta que no hizo mella en su decisión. Se dejó abierto el crédito.
Los mejores momentos de la mañana los protagonizó el salmantino Juan del Álamo. Colocación, sentido del temple y ligazón fueron los ingredientes de dos trabajos de torero muy capaz. Llevó muy toreados a los dos de su lote, a los que supo cogerles el aire, el sitio y la distancia, llevándolos siempre embebidos en los vuelos de la muleta. Firmó dos faenas de buena nota y sobradas de expresión. Sin embargo, manejó con desacierto las armas toricidas y su premio quedó reducido a sendas ovaciones.
La única oreja de la mañana fue a parar a manos del valenciano Carlos Durán, quien aprovechó las excelentes condiciones de su primero para muletear en el platillo y muy centrado, en una labor dispuesta, afanosa y plena de voluntad. Y también se justificó por su tesón ante el sexto, frente al que porfió incansable y mató con contundencia.