PEDRO TOLEDANO VALENCIA
La fórmula de los seis/siete matadores, ha quedado claro que es buena. Que el público la ha aceptado con interés y con agrado, porque en una tarde en la que la lluvia ha estado presente en todo momento y, peor, en la última parte del festejo apretó de lo lindo y no se movió de sus asientos, es prueba suficiente. Posiblemente el hecho de que fuera en homenaje a la figura que ha sido Enrique Ponce, también pudo influir en la convocatoria. Dice el pueblo llano que toda piedra hace pared. Aunque realmente lo que ha mantenido al público que llenaba por primera vez la plaza en este ciclo de la era de Isidro Prieto, ha sido la actitud de los toreros -unos más y otros menos- que vinieron a homenajear al ídolo de la tierra.
Está claro que cuando llega la hora de los homenajes es porque hay detrás una trayectoria que premiar. La de Enrique Ponce, no cabe duda, es de las que tienen suficientes méritos contraídos para merecerse reconocimientos como los que público y toreros le dedicaron en la tarde de ayer. Hasta su actuación, en primer lugar, estuvo a la altura de lo que tiene que ser un acto como el preparado para la ocasión. Es decir, escaso compromiso y mucha complacencia. Como cada matador tenía la potestad de elegir su toro, Ponce lo hizo también y, además, siendo fiel a los principios que abrazó hace ya muchas temporadas en esta plaza. Esto es, se trajo un juanpedrito que fue devuelto a los corrales por ser protestado hasta por sus incondicionales por su manifiesta pequeñez, endeblez y ñoñería. Y repitió suerte con otro ejemplar de la misma ganadería que tuvo la virtud de mantenerse un poquito más en pie y al que después de una faena un puntito intrascendente, le premiaron con una cariñosa oreja.
A continuación comenzó otro festejo con mayores dosis de autenticidad. Cierto que siempre con toros muy al límite de los permisible en cuanto a presentación. Pero ya fue otra cosa. Nada más abrirse de capa Morante de la Puebla ante el ensabanado y encastado ejemplar de Núñez del Cuvillo, la torería comenzó a aflorar, ora con el toreo a la verónica, ora con la muleta sobre la derecha. El toro nunca acabó de romper pero el de La Puebla, a base de exposición y talento, compuso una faena llena de interés. La remató de una gran estocada corta, y paseó la primera oreja de peso.
Después le tocaba su turno a Julián López "El Juli", que a estas alturas se está ganando el apelativo de Julián El Grande. Con un toro bajo de agujas, gordo y cómodo de cara pero con un pitón derecho que invitaba a la brevedad, el maestro de Velilla de San Antonio obsequió a la parroquia con una faena basada sobre la mano izquierda de gran poder, sometimiento y, sobre todo, de templada entrega. Una serie de diez muletazos -ocho naturales, uno de pecho cambiándose la muleta y un airoso remate-, fue el cenit de la faena. Después se fue detrás de la espada y, aunque necesitó descabellar, el público le pidió las dos orejas con extraordinaria unanimidad.
Era difícil calentar a un público que ya había recibido el calor de una faena tan rotunda como la de El Juli. Pero después de que El Fandi no tuviera opciones con el muñequito de Manolo González, apareció un entregado Sebastián Castella, y con una faena de entrega, en la que predominó el valor y el toreo de cercanías, acabó logrando que el personal se olvidara de los paraguas. Cuando mató al de Victoriano del Rio, de una gran estocada, también paseó otras dos orejas.
Manzanares, no tuvo opciones ante otro ejemplar de Garcigrande al que mató bien y Cayetano no acabó de encontrarse con un noble pero parado ejemplar de Carmen Lorenzo.
Ficha
Lleno en tarde desapacible y lluviosa. Toros de Juan Pedro Domecq, Joaquín Núñez, Garcigrande, Manolo González, Victoriano del Río, Garcigrande y Carmen Lorenzo. Enrique Ponce (azul pavo y oro), estocada trasera. (Oreja.) Morante de la Puebla (fucsia y oro), estocada corta. (Oreja.) El Juli (marino y oro), estocada y dos descabellos. (Dos orejas.) El Fandi ( nazareno y azabache), pinchazo y estocada tendida. (Saludos.) Sebastián Castella (malva y oro), estocada con derrame. (Dos orejas.) José María Manzanares (marino y oro), estocada. (Saludos.) Cayetano (pizarra y azabache), dos pinchazos, media, estocada y descabello. (Silencio tras aviso.) Presidió Juan Moreno, sin complicaciones. Llovió durante toda la corrida, y a partir de la lidia del quinto lo hizo torrencialmente. Pesos de los toros por orden de lidia: 488, 484 (1º bis), 483, 502, 519, 501, 528 y 533 kilos.