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o primero que se nos viene a la mente es escribir sobre la suerte que ha tenido José Tomás al encontrarse en una plaza que, aunque con carencias en la enfermería, contaba con profesionales con el pulso y el temple necesario para lograr rescatarle de las garras de la parca. Oportuno quite que hay que aplaudir con toda la intensidad que el lance merece, por salvar a la persona y también por hacerlo con el torero. Pues a pesar de los malos augurios de los primeros momentos, de una parte la habilidad de los galenos, y de otra no menos importante, la gran naturaleza del torero, todo parece indicar que la recuperación será total. Vamos que seguiremos viendo a J. T. vestido de luces, lo que sin ser lo más importante en semejantes circunstancias, cuando se trata de recuperar a alguien tan auténtico como es este torero, hay que felicitarse.
Apenas han pasado ocho días desde que recibiera tan certera cornada del toro "Navegante" de Pepe Garfias, y hay que ver cómo ha cambiado el panorama. Del pesimismo más rotundo, se ha pasado a la esperanza más reconfortante. Sin embargo, y desde la perspectiva que da el tiempo transcurrido, conviene poner cierto temple en las informaciones que van apareciendo, ya que hay quien comienza a confundir la extraordinaria recuperación de J. T. con su presencia más o menos inmediata en los ruedos. No van por ahí los tiros de la realidad, abonada en este caso por quienes piensan más en el negocio que en la persona, que cifran su recuperación y puesta a punto para los primeros días de junio. No parecería razonable que el torero, tras semejante descalabro físico, debiera retomar las riendas de su extraordinaria tauromaquia si no se encuentra en perfecto estado físico y mental.
Conocemos la grandeza del diestro madrileño, seguramente uno de los más comprometido con las verdades esenciales del arte de torear de cuantos han pisado los ruedos desde que lo hiciera Manuel Rodríguez "Manolete", pero debemos ser prudentes y aguardar, con impaciencia, eso sí, su esperado regreso a las plazas de toros. Cuando eso ocurra se recompondrá, en cierto modo, el traje ahora desgarrado, hecho pedazos de la tauromaquia española actual. Vencido temporalmente el maestro, rotos o desquiciados algunos de quienes aspiran a sucederle, aunque sea en la exigencia, nos quedan pocas tablas de náufrago a que agarrarnos. El Juli deberá asumir su condición de gran destacado y tirar del carro. A ese carro se apuntarán Manzanares, y el genio de Morante, yÉ ¿Hay alguien más? Sí, los hay, y se les espera. Deben dar el paso adelante que se les supone, Perera, por ejemplo, y en derredor virará Cayetano, Castella, Luque, El Cid, Talavante, y a algunos más de menor fuste en perspectiva.
Seamos conscientes, en cambio, que este costurón en el cuerpo en entredicho de la fiesta, hará muy vulnerable el tiempo de espera del de Galapagar. Barcelona, si no llega a tiempo a su cita paradigmática, se quedará sin argumentos que esgrimir frente a los intolerantes, y en el resto del solar patrio, la crisis económica y la de toreros, nos pasará una factura de cuya magnitud recelamos ahora.
En todo caso, deseamos desde aquí que al maestro de Galapagar le vaya lindo en su cuerpo y en su alma, que se lo tome con la misma despaciosidad que le da a sus naturales de vértigo, igual cadencia que a su toreo de capa y ese ánimo esencial, sólido y estoico con que se enfrenta a su profesión y al entorno que la gestiona. Sabremos esperar. ¿No habríamos de hacerlo ante quien es capaz de entregarse sin reservas a la hora de interpretar lo mejor de ese arte tan antiguo, sutil e inquebrantable como es el toreo? Pues claro.
Estos días, después del golpetazo de los primeros momentos, hemos hablado con su entorno más próximo, con su padre, José Tomás; su apoderado, Salvador Boix; su hombre de confianza en el campo, Joaquín Ramos, y su inseparable amigo Kiki. Todos ellos han superado con gran entereza el mal trago y se encuentran muy felices de ver cómo tanto la persona, como el torero, han vuelto a estar otra vez juntos. Para nada quieren pronunciarse respecto a fechas de reaparición ni tan siquiera en el día que volverán a España. El trato recibido por las autoridades sanitarias, aficionados y prensa especializada, les está haciendo su estancia en Aguascalientes muy llevadera a lo que hay que unir la comodidad que les supone que el torero posea una casa en la misma ciudad. Los lazos de J. T. con la capital Hidrocálida, como también se le conoce, se estrecharon en el año 2007 cuando se compró una casa en la que pasa al menos seis meses al año.
Por otro lado, y a pesar de todo el ruido mediático que ha propiciado el episodio mexicano de J. T., no debemos olvidarnos de los momentos difíciles que están pasando otros toreros. El más delicado corresponde a la operación de hernia de disco a que fue sometido Jose María Manzanares el pasado lunes en la clínica Sagrado Corazón de Sevilla. Nada más concluir su triunfal feria maestrante el alicantino era hospitalizado para operarse de la hernia de disco que le comprimía las vértebras L4 y L5. Por su parte, los subalternos, Francisco Javier Rodríguez y Luis Blázquez, siguen evolucionando favorablemente de las graves heridas recibidas en Zaragoza y Sevilla, respectivamente.