ENRIQUE AMAT VALENCIA
LA CORRIDA
Más de tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Toros de Fermín Bohórquez para rejones (1º y 4º), con cuajo, manejables, Victoriano del Río (3º y 5º) y El Pilar (2º y 6º), excelente el tercero. El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, silencio y saludos. Enrique Ponce (marino y oro), silencio tras aviso y saludos. Sebastián Castella (grana y oro), oreja tras aviso y palmas. Actuó como sobresaliente David Sánchez Saleri (burdeos y oro), oportuno en la lidia. Saludó tras parear Francisco J. Aragón. Presidió Amado Martínez. Pesos por orden de lidia: 597, 563, 503, 623, 527 y 598 kilos.
No andaba la gente muy convencida del planteamiento de corrida mixta que se ofrecía como primera corrida de toros del abono. Muchos aficionados opinaban que este invento no era ni chicha ni limoná. A pesar de ello, la entrada que registró el coso valenciano fue incluso mejor de lo que en principio se esperaba. Aunque, eso sí, el decepcionante resultado del festejo fue la crónica de un fiasco anunciado.
En la desencajonada ya se vio que los cuatro toros elegidos de la divisa de Victoriano el Río estaban muy escasos de trapío. Tanto es así, que al final ayer tan sólo se lidiaron dos de ellos, y el encierro tuvo que ser remendado por sendos ejemplares de El Pilar.
El segundo de la tarde y primero de Ponce fue un castaño lombardo de este último hierro, con tanta romana como escasez de defensas. Romo hasta el sonrojo, fue un toro claudicante, escaso de raza y desfondado. El tercero, de Victoriano del Río, dio un juego excelente. Pronto, bravo, celoso, repetidor y con tranco y alegría en sus embestidas. El quinto, también de Victoriano, fue un burraco que manseó en varas saliéndose suelto. Apretó e hizo hilo en banderillas y, muy engallado, no terminó de descolgar. Y el sexto, de El Pilar, resultó un astado sin fuelle y claudicante. Por su parte, los toros de Fermín Bohórquez para rejones, lustrosos y sobrados de cuajo anduvieron, al igual que sus hermanos lidiados el pasado domingo, escasos de fuelle, aunque se dejaron.
Enrique Ponce, en su discurso de entrada en la Real Academia de Bellas Artes de Córdoba hacía una reflexión que resume lo que es la filosofía y su concepto del toreo: "Al toro no hay que enfadarle, sino todo lo contrario, convencerle de que sin hacerle daño y sin que se dé cuenta puedes ir llevándolo a tu terreno. Siempre hay que torear a favor del toro, nunca en contra. Por lo tanto, para mí torear no es llevar al toro por donde no quiere ir."
Es decir, la tauromaquia posmoderna en su más pura expresión. Con esto, y el cuento del toro artista de Juan Pedro Domecq, ja el tenim tot organitzat, que diría un castizo de la huerta. Y así nos luce el pelo.
Ponce debería elegir con más esmero los ingredientes para sus actuaciones, léase los toros. Sobre todo, por lo que se está viendo en los últimos años, en Valencia.
Ayer, siguiendo su filosofía del toreo, muleteó a media altura y al hilo a su flojo y desrazado primero. Ante su segundo, y a pesar de su distinta condición, volvió a emplear la misma receta. Siempre por las afueras, al hilo y desplazando, no quiso molestar ni obligar a su astado en ningún momento. Ni se metió de verdad en faena ni terminó de adquirir compromiso de verdad.
El francés Sebastián Castella lanceó ajustado y ofreció generosas dosis de su toreo de parón, ajuste y cercanía de terrenos frente a su excelente primero, con el que firmó una labor más emotiva que de fondo, y que acabó perdiendo a los puntos con el toro. E intentó sin opciones el lucimiento ante el sexto.
El rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza ejerció de ilustre telonero del festejo en dos labores sobradas pero que no terminaron de coger vuelo.