25 de noviembre de 2015
25.11.2015

Tres páginas que cambiaron el universo

25.11.2015 | 04:15

Fueron tan solo tres páginas de ecuaciones, pero revolucionaron la concepción del universo y cimentaron uno de los edificios teóricos más sólidos y precisos de la ciencia. El 25 de noviembre de 1915, Albert Einstein exponía en la Academia Prusiana de las Ciencias su nueva ley de la gravedad, la Teoría General de la Relatividad, que culminaba diez años de trabajo para responder a una pregunta que Newton había dejado aparcada: ¿qué es realmente la gravedad?

La gravedad es una fuerza «diferente». Se someten a ella todos los objetos, sea cual sea su composición química o cualesquiera sus características eléctricas. Y permanecemos tan influenciados por ella que nuestra concepción intelectual del universo estuvo «contaminada» hasta que Einstein logró desembarazarse de esos «prejuicios gravitatorios» y apartar un velo que ha permitido comprender la realidad de un modo sencillo pero aparentemente contrario a la intuición. Aún perdura el mito, alimentado por una anécdota real, de que la relatividad de Einstein es comprendida por unos pocos. En realidad se trata de una teoría extraordinariamente sencilla en sus principios y muy poderosa que miles de físicos utilizan a diario, pero exige pensar de un modo diferente y contar con un avanzado conocimiento matemático que el propio Einstein tuvo que adquirir mediante el estudio para expresar mejor su teoría.

Con ella se han abierto las puertas al universo que ahora conocemos: en acelerada expansión, que tuvo un origen, cuyo futuro está intrínsecamente relacionado con sus características propias, cuajado de agujeros negros y enormes galaxias que curvan la luz a su alrededor. El entramado de cuatro dimensiones que forman el espacio y el tiempo se estira y se curva como una tela elástica.

El concepto fundamental tras la Teoría General de la Relatividad es la idea de que el espacio-tiempo cambia ante cualquier distribución de masa o energía, y es esa malla maleable espacio-temporal la que determina el movimiento de galaxias, estrellas y planetas. Y sobretodo, que las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas, incluido aquellos en caída libre. Si usted estuviese en un ascensor sin ventanas que repentinamente cayese al vacío al romperse el cable, su percepción sería la de que repentinamente se ha «apagado» la gravedad.
Fue tal la revolución que implicaban los conceptos de la Relatividad que su eco acabó por influir en la filosofía, el arte o la psicología, muchas veces de forma estrambótica estirando la falsa idea de que Einstein (convertido en el científico con mayor celebridad en vida de la historia) venía a decir que «todo es relativo».

Cien años después, la Relatividad General continúa siendo un edificio sólido al que tratan de tomar por asalto las teorías cuánticas, para así poder encajar una descripción teórica del todo. Desde aquel 25 de noviembre de 1915 el espacio y el tiempo dejaron de ser el imperturbable marco en el que suceden las cosas para tomar parte activa y protagonista en la vida del universo.

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