15 de septiembre de 2017
15.09.2017
Naturaleza

Un mundo sin insectos: Un peligro de primer orden para la Tierra

Hay más de un millón de especies descritas que cumplen funciones cruciales para el planeta

16.09.2017 | 08:28
Ejemplar de la luciérnaga. Photuris lucicrescens.

Los mosquitos y sus picaduras; las moscas, pegajosas; las avispas y hormigas que merodean las fiambreras de los picnics; las cucarachas, que aparecen cuando menos te lo esperas en cualquier rincón. Para muchos, los insectos son poco más que un incordio. Y sin embargo, tres de cada cuatro bocados que nos echamos al estómago se los debemos a ellos. También, que la Tierra no sea un estercolero gigante. Y las flores. Y los helicópteros y algunas de las moléculas presentes en fármacos. Antivíricos. Antibacterias. Cruciales avances en ciencia. No en vano, el famoso entomólogo británico Edward O. Wilson asegura que son "las pequeñas cosas que hacen funcionar el mundo".

Al ritmo actual de identificación de especies, se tardaría unos mil años en completar el inventario; el problema es que cada año entre 10.000 y 15.000 clases de insectos quedan diezmadas o se extinguen.

El problema es que muchas de esas especies, conocidas y por conocer, se están extinguiendo a marchas forzadas, a un ritmo nada menos que de entre 10.000 y 15.000 por año. "Desaparecen a una velocidad mucho más rápida de la que nos toma describirlas. Es absolutamente seguro que se habrán extinguido y se extinguirán especies sin que hayamos podido ni registrarlas", añade Belles.

Unas especies se desvanecen por completo y otras se ven gravemente diezmadas. "Cada vez hay menos insectos", se lamenta Ignasi Bartomeus, investigador de la Estación Biológica del CSIC en Doñana. "Cuando éramos niños –prosigue– íbamos a cazar luciérnagas al campo con un bote. Ahora ya no se encuentran, quedan muy pocas y sólo en bosques muy bien conservados".

Sexta extinción masiva

Hace unos meses, un artículo científico publicado en la revista Science daba la voz de alarma: estamos ante una extinción masiva de especies sin parangón en la historia de la Tierra y se debe a las acciones del ser humano. Según este estudio, sólo en los últimos cinco siglos la acción humana ha desencadenado una ola de extinciones, amenaza y declive de las poblaciones animales comparable en tasa y magnitud a las cinco extinciones masivas previas juntas.

Por poner datos a esa afirma­ción: entre los vertebrados terrestres se han extinguido –según este trabajo realizado por un equipo de científicos internacionales y liderado por la Universidad de Stanford (Estados Unidos)– 322 especies, desde 1500, y las poblaciones que han sobrevivido hasta hoy muestran un declive en abundancia de un 15% de media. Los datos son aún menos halagüeños para los invertebrados. El 67% de las especies monitorizadas tiene un 45% menos de abundancia, y ese declive está causando una cascada de efectos secundarios en el funcionamiento de los ecosistemas y, paradojas, repercutiendo en el ser humano.


La Vanessa Cardui realiza viajes de 4.000 km desde el norte de Europa hasta África.

El estudio en Science destacaba que los datos de monitorización a largo plazo de una muestra de tan sólo 452 especies de invertebrados indican que ha habido un declive generalizado desde 1970. Y centrándose sólo en el género lepidóptera, las mariposas diurnas y nocturnas, para las que hay mejores datos, se ha visto que han sufrido un declive del 35% en los últimos 40 años.

Una de las primeras razones de la extinción de ciertos insectos es la pérdida de hábitat. El ser humano está transformando bosques y praderas, ganando terreno para cultivo, carreteras o viviendas

¿Por qué están en declive?

Seguramente, una de las primeras razones es la pérdida de hábitat, "una forma educada de decir que nos estamos apropiando de su territorio", puntualiza Peguero. El ser humano está transformando bosques y praderas, ganando terrenos para dedicarlos al cultivo, a ciudades, a carreteras. Y muchas especies de invertebrados no pueden adaptarse a esos nuevos escenarios modificados.

Un segundo factor son los pesticidas. Los neonicotinoides, inventados e introducidos en los años ochenta, son los insecti­cidas más populares y usados en la actualidad en todo el plane­ta y están directamente implicados en el declive de las abejas, como han demostrado diversos estudios científicos recientes. Como se aplicaban en las semillas en lugar de rociar con ellos las plantas, al inicio se consideraba que eran inocuos. No obstante, se ha visto que se quedan en los campos en los que se usan durante mucho tiempo.

En un estudio del 2015 se demostró que cerca de los terrenos agrícolas donde se empleaba, tanto el polen como el néctar de las flores salvajes tenían concentraciones elevadas de este insecticida. Y si bien no mata directamente a las abejas, sí afecta su capacidad de navegar y comunicarse.

La contaminación también es una de las causas de la desaparición de los invertebrados. "Usamos los ríos, el mar, como basureros; los lagos, como lugares para hacer desaparecer una bici o una nevera. Las aguas están contaminadas con la gran cantidad de materia orgánica que se vierte, aguas fecales, que comportan un deterioro enorme", se lamenta Óscar Soriano, que se dedica a estudiar los insectos acuáticos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN). Y añade a modo de advertencia: "Esa agresión que hacemos a la naturaleza siempre tiene su retorno, en forma de enfermedades, de plagas o de lo que sea".

También la contaminación lumínica les afecta. La luz con componente ultravioleta los desorienta, sobre todo a los que tienen actividad nocturna, como las luciérnagas.


Los escarabajos esconden caparazones increíbles.

¿Un mundo sin insectos?

¿Qué pasa si desaparecen algunas especies, de las 1,4 millones documentadas o de los 6 o 7 millones más que se calcula que aún no se han identificado, de insectos?

Hay especies clave que cumplen un papel muy específico y si desaparecen, eso podría tener repercusiones importantes en el medio, como la abeja Apis mellifera, que es la principal polinizadora del planeta. Ahora bien, la mayoría de los insectos cumplen funciones comunes, de manera que si se extingue una puede que no pase nada. No obstante, la diversidad es crucial para la salud de los ecosistemas, y de desaparecer varias especies a la vez, el ecosistema se puede colapsar.

Y sin insectos, no hay agricultura. Cerca del 80% de las plantas que cultivamos dependen de los polinizadores, y nueve de cada diez son insectos, aunque también hay pájaros, lagartijas... De entre los insectos, los polinizadores por excelencia son los himenópteros, como las abejas y avispas. De hecho, cerca del 70% de los cultivos los poliniza la abeja de la miel, la Apis mellifera.

En EE.UU. se alquilan abejas, transportadas en camiones, para que polinicen campos, especialmente los de frutales. La gente suele creer que es algo que pasa de forma natural, pero de eso nada

A esas valiosas funciones hay que sumar el valor económico de las especies. Muchas moléculas que usamos para hacer nuevos fármacos, por ejemplo, o para hacer insecticidas provienen de insectos. "Cuando se extingue una especie estamos perdiendo potenciales antibióticos, antisépticos, antivíricos, antitumorales", afirma Soriano. Y, claro está, también hay que tener en cuenta su valor inmaterial: forman parte del patrimonio natural de la Tierra y sólo por eso merecen que se dediquen esfuerzos y recursos para conservarlos.

Concienciar a la sociedad

"En buena medida, la razón por la que están en peligro de extinción y amenazados los insectos es por falta de educación", considera Imogen Burt. "De acuerdo –prosigue–, hay cosas como el calentamiento global, la pérdida de hábitat, los pesticidas. Pero al final lo más importante es que la gente no se percate del papel crucial que desempeñan y de que hay una extinción masiva en marcha. Muchas personas dicen: '¡Hay que salvar a las abejas!', pero luego sólo son capaces de nombrar dos tipos, la de la miel y los abejorros. Si la gente no sabe, no puede ayudar". Sólo en España hay más de 1.000 tipos distintos de abejas, el doble que de pájaros.


Sólo allí podría tener éxito una campaña como la llevada a cabo por Bug Life, Beelines, en la que insta a los ciudadanos a plantar flores en sus jardines y en sus balcones para salvar a los abejorros. "La mayoría de la gente quiere ayudar, involucrarse, y cosas como esta pueden hacerlas –asegura Burt–. Es clave que la gente sepa, porque si sabe, va a querer ayudar, implicarse. Y sólo así, como sociedad, juntos, podemos luchar para preservar la biodiversidad del planeta".


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