Con el final de la temporada oficial llegan los festivales, los cambios de apoderamientos, la actividad en las peñas, los homenajesÉ pero también deben llegar las reflexiones. Hay varios temas pendientes que deben tratarse durante el invierno para que, a ser posible, cuando llegue la nueva temporada, se tengan en cuenta y, si conviene a unos y a otros, se resuelvan.
Uno de estos temas candentes es el de la retransmisión de corridas por la televisión estatal. La decisión de dejar el campo libre a un canal de pago -la cobertura de las autonómicas es limitada- supone de facto la no aplicación de la norma del interés general.
Si la medida del gobierno de Zapatero y sus representantes máximos en TVE respondiera a la aplicación de la doctrina Cascos, la mayor parte de los programas de la televisión pública deberían ser cancelados.
Si la medida del gobierno responde a un planeamiento estratégico frente a la fiesta de los toros que pretende ir desmontando, con lentitud pero sin pausa, los mecanismos emocionales y culturales que la sustentan, entonces es que nos enfrentamos a gestores miopes.
Pero hay más; si la pertinaz, con z de Zapatero, sequía televisiva taurina, responde a un pacto de gobernabilidad con los independentistas de ERC y por tanto a una voluble determinación de las reglas del juego intelectual, entonces es que quienes confiaron en la capacidad de la izquierda para manejar con decoro los asuntos de la cosa pública, se equivocaron de plano hace tres años y medio.
Se nos ocurre pedir que recapaciten, pero quizás ahora con los garbanzos equívocos de la campaña sustanciándose en extraños cocidos, sea el momento menos oportuno para pedir una revisión cuerda de la programación futura.
A pesar de todo, es nuestra obligación hacerlo. Primero porque creemos en que la fiesta nacional despliega elementos tangibles e intangibles mucho más esenciales de lo que a los antitaurinos les parece. Segundo porque creemos profundamente y de raíz en que no se debe cercenar ninguna posibilidad de crecimiento.
Llegados a este punto, tenemos que pedir que las partes del entramado taurino, se pongan manos a la obra de cara a la próxima temporada antes de que las televisiones privadas, las de pago por visión, sigan cerrando acuerdos y por consiguiente limitando posibilidades a quien se niega a pujar por los derechos de retransmisión del único espectáculo que podemos llamar propio como pueblo y como nación.
El contribuyente tiene derecho a saber a qué juega la televisión que sostiene con los impuestos que paga.
La hermana pobre. Y como no nos duelen prendas, justo es reconocer que la hermana radiofónica de TVE, Radio Nacional de España (RNE), ha dado un paso al frente en el papel de divulgar la fiesta de los toros. Siempre lo ha hecho con decoro, pero con el nombramiento del periodista Adolfo Rodríguez, como nuevo conductor de su espacio estelar Clarín, vuelve a provocar nuevas ilusiones.
Jose Tomás y la televisión. Mucho se está hablando de la actitud de José Tomás con la caja tonta. No se entiende la actitud previsible de quienes han cogido el rábano de unas declaraciones ingenuas por las hojas de sus intereses.
Lo que habría que preguntarles a quienes no han dejado de dar estopa al de Galapagar es por qué no actúan igual con el resto de figuras del escalafón. ¿Son acaso dichas figuras adalides de una pureza ignota Seamos serios, señores, o juegan todos, o rompan la baraja.