EFE
El diario "The Times" informa hoy que las autoridades decidieron este lunes suspender la licencia y Novartis instó a los pacientes que estaban tomando Prexige a ponerse en contacto con sus médicos de cabecera para que les receten algún otro fármaco alternativo.
El fármaco contra la artritis, comercializado como Prexige, ha sido relacionado con al menos veinte casos de daños hepáticos graves en todo el mundo desde que se introdujo en el mercado en el 2005, dos de los cuales resultaron en la muerte del paciente y tres exigieron trasplantes de hígado.
Según la agencia británica reguladora de los medicamentos, en este país ha habido veintitrés incidentes de reacciones adversas al medicamento desde el pasado marzo aunque ninguno tuvo consecuencias fatales.
A finales de septiembre, la Administración Federal de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos denegó la homologación de Prexige en ese país.
Novartis se vio obligado a retirar ya ese fármaco del mercado australiano después de que fallecieran allí dos personas aunque la empresa suiza atribuye esas muertes a una sobredosis.
Lo ocurrido con Prexige es el último incidente que afecta a un grupo de fármacos desarrollados para el tratamiento de la artritis.
El laboratorio Merck tuvo también que retirar su producto Vioxx después de que se le relacionase con problemas cardíacos.
La pasada semana, Merck aceptó pagar 4.850 millones de dólares de indemnizaciones para resolver los pleitos planteados por los enfermos afectados.
Se calcula en 8,5 millones el número de pacientes a los que se ha administrado Prexige, fármaco distribuido en más de treinta países desde que se introdujo en Brasil en julio del 2005.
Desde entonces se ha retirado del mercado en Brasil, Australia, Canadá y Turquía.
Según la agencia británica reguladora de los fármacos, va a producirse una revisión a escala europea de los eventuales riesgos y beneficios del producto.
Tras la retirada de Vioxx y de Prexige, en el mercado británico sólo quedan dos fármacos del mismo grupo: Celebrex, de Pfizer, y Arcoxia, de Merck.
Ese tipo de fármacos, conocidos como inhibidores de COX-2, representaba en principio una mejora frente a otros antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno o el diclofenac, que pueden causar úlceras y hemorragias en algunos pacientes.
Al inhibir selectivamente sólo un enzima y no dos, los inhibidores de COX-2 se creía que resultarían más seguros y de pareja eficacia que los anteriores.