16 de mayo de 2016
16.05.2016

Duékoué: el refugio salesiano que salvó 30.000 vidas en Costa de Marfil

Un documental narra la historia de los misioneros que acogieron a miles de personas durante la guerra

16.05.2016 | 04:15
Duékoué: el refugio salesiano que salvó 30.000 vidas en Costa de Marfil

Los Misioneros Salesianos anunciaron en las últimas semanas que no abandonarán Alepo, uno de los epicentros del conflicto bélico en Siria, para tratar de ayudar a las familias que quedan allí. No es la primera vez que realizan tan loable acción. En 2011, la resistencia de la misión salesiana «Santa Teresa del Niño Jesús» en Duékoué (Costa de Marfil) permitió salvar la vida de 30.000 personas que se alojaron en sus dependencias de apenas 2,5 hectáreas en plena guerra civil. Raúl de la Fuente narra esta historia «heroica» „tal como él la define„ en el documental «30.000», que fue presentado la semana pasada en un acto en el Palacio de Colomina de Valencia.

En pleno avance de las tropas rebeldes sobre Duékoué, asesinatos, numerosas violaciones, mutilaciones y humillaciones eran lo habitual del día a día de la ciudad. Tan solo las instalaciones salesianas se libraban de ello. Según explica el salesiano Carlos Berro, «la gente respetaba el carácter de la parroquia y por eso no entraban allí a hacer barbaridades». Por ello, esta misión se convirtió en el centro de peregrinación de hasta 30.000 personas que veían en ella su tabla de salvación. Algunas de ellas reconocen en la obra de De la Fuente que, de no haber llegado allí, probablemente habrían sido asesinadas.

Una vez finalizó el conflicto bélico, el trabajo de los salesianos no terminó. «En África, la lluvia parece que se lo lleva todo. No percibes a primera vista que haya habido un conflicto armado tan reciente, pero cuando te paras a hablar con la gente descubres los dramas y ves que está muy presente», detalla De la Fuente.

La labor salesiana prosigue ahora «tratando de cerrar heridas, escuchando, reclamando indemnizaciones para las víctimas, trabajando para alcanzar algún tipo de reconciliación social, ofreciendo una formación a jóvenes que incluso llegaron a ser agresores para que puedan ganarse la vida», explica el realizador, que asegura que es un «privilegiado por poder dar a conocer el trabajo de estos misioneros». Y es que, gracias a ellos, muchos pueden decir que están vivos, y como reclama Berro en el audiovisual, eso «hay que festejarlo».

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