Efe, Barcelona
Los familiares de los 30 niños rusos que murieron en un choque aéreo cuando viajaban de vacaciones a Barcelona en 2002 piden indemnizaciones que suman 600 millones de dólares -más de 460 millones de euros- a las empresas estadounidenses fabricantes del sistema de seguridad del avión, que creen que falló al no evitar la colisión.
En el Juzgado de Primera Instancia número 34 de Barcelona se ha celebrado hoy la última sesión del juicio contra las dos compañías, Honeywell y ACSS, que son las que controlan el negocio de distribución de los dispositivos de seguridad TCAS, que cuesta unos 100.000 dólares cada uno y tienen instalados en cerca de 25.000 aviones de todo el mundo.
El Juzgado de Barcelona -donde ha recaído el caso por ser la ciudad adonde se dirigía el avión- deberá decidir si el sistema TCAS falló sin poder evitar el accidente, ocurrido en julio de 2002 al colisionar en pleno vuelo sobre la frontera suizo-alemana un Tupolev de la compañía rusa Bashkirian Airlines con un Boeing 757 de la empresa de mensajería DHL, lo que causó 71 muertos, 45 de ellos niños.
Treinta de esos pequeños iban a pasar unos días de vacaciones en Barcelona y Port Aventura como premio por su brillantez en los estudios. Algunos de los padres estuvieron ayer en Barcelona en la última sesión del juicio.