Teresa Domínguez, Pedralba
Mari Carmen O. Q., la mujer de 51 años asesinada en su casa de Pedralba en la madrugada del sábado pasado, falleció como consecuencia de los numerosos golpes -posiblemente puñetazos y patadas- recibidos por todo el cuerpo, según se desprende de la autopsia practicada ayer por la mañana en el Instituto de Medicina Legal de Valencia. El informe preliminar determina que la mujer fue brutalmente golpeada -quien la mató se ensañó; de hecho, tenía la cara destrozada y varias fracturas óseas-, pero descarta que existiese agresión sexual.
Cuando el cuerpo sin vida de Mari Carmen fue encontrado en el suelo de su habitación, en la planta baja de su casa, sita en el número 57 de la calle Cervantes de Pedralba, llevaba el pijama y parte de la ropa mostraba señales de arrancamiento, lo que indujo a la suposición de una posible agresión sexual. Sin embargo, a la vista del dictamen de la necropsia, lo más razonable es que los desgarros del pijama obedezcan a la encarnizada lucha que Mari Carmen mantuvo con quien la atacó.
La última persona que vio con vida a la víctima -además de su asesino- es un vecino que esperó a que ella llegase de su trabajo en Valencia, sobre las diez de la noche del viernes, para informarle de un pequeño accidente doméstico, según explicó un testigo a Levante-EMV. El hombre había roto varios azulejos de la casa que Mari Carmen pretendía alquilar al taladrar la pared, y fue a comunicárselo. La mujer acompañó a su vecino a la vivienda y, tras comprobar los desperfectos, pactaron que se lo arreglaría el lunes "porque el sábado tenía que ir a dar un cursillo y el domingo quería ir a la playa, así que no iba a estar en casa".
"Ayúdame, ayúdame, auxilio"
Otra vecina, una mujer rumana que cuida a un matrimonio de octogenarios, explicó ayer a este diario que se despertó de madrugada al escuchar gritos. "Era una voz de mujer y decía: "Auxilio, auxilio, ayúdameý". La testigo creyó inicialmente que se trataba de la anciana que tiene a su cargo, pero "al entrar en su habitación, vi que estaba dormida. Entonces lo escuché otra vez: "Ay, mi tripa, ayúdame, ayúdameý. Se asomó al patio que divide ambas viviendas y entonces intuyó que llegaba de casa de Mari Carmen.
Sin embargo, no dijo nada hasta que llegó la hija de los dos octogenarios, a las nueve de la noche del sábado. La mujer llamó a Mari Carmen por teléfono y no respondió nadie. "Entonces subimos a su casa y vimos la puerta del garaje un poco abierta, y fuimos a pedir ayuda a la policía". A partir de ahí, los agentes municipales pidieron la colaboración de un familiar de Mari Carmen y, al entrar, encontraron su cuerpo sin vida y lleno de señales de violencia.
Ni la puerta de acceso insertada en el portón del garaje, ni la de acceso al área de vivienda están forzadas, y la víctima estaba en pijama, lo que lleva a la hipótesis de que quien entró conocía lo suficiente a Mari Carmen como para que ella le franquease la entrada voluntariamente. Esa circunstancia, unida al hecho de que la casa apenas estuviese revuelta y que no falte ningún objeto de valor hace que el robo sea cada vez un móvil menos probable y que la investigación del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia se centre sobre todo en el entorno de la víctima.