VORO CONTRERAS VALENCIA
Erik también tuvo sus cinco minutos de fama, incluso más. Había protagonizado un documental de la televisión suiza (la de su país natal) que reflejaba su vida como vagabundo, sobreviviendo en las calles de Europa, y cuyas últimas imágenes se filmaron en Tavernes Blanques. Hace un mes Erik recibió la visita de un amigo, y ambos volvieron a encontrar un hueco en los medios de comunicación el pasado viernes, cuando el primero, presuntamente, acababa a golpes con la vida del segundo.
Pero el caso de este indigente detenido el viernes por el asesinato de su amigo no es, ni mucho menos, el primero de este tipo que se registra en la Comunitat Valenciana en los últimos años. Desde 2003, un total de nueve personas que vivían en la calle han fallecido a manos de otros indigentes. De estos nueve casos, cinco han sucedido en la ciudad de Valencia y en su área metropolitana. El de Eric y su amigo ha sido el último. El penúltimo tuvo lugar hace poco más de dos meses en una casa abandonada de la calle Ermita de Sant Jaume, donde dos indigentes fueron detenidos tras matar a golpes a otro tras una borrachera.
En algunos de estos casos, como el que ocurrió en Valencia el pasado 22 de octubre, el origen de la pelea puede estar en algo tan peregrino para la mayoría de la gente, pero vital para un indigente como puede ser un plástico con el que guarnecerse de la lluvia. Ionut S., de nacionalidad rumana, mató a golpes con un palo a un compatriota en el Cabanyal tras discutir con él por un plástico mientras dormían. En junio de ese año, y también en Valencia, la policía encontraba el cadáver de otro indigente en una casa abandonada con un corte en una pierna. Habían discutido por la comida.
En junio de 2007, la Guardia Civil encontraba en una cueva de Requena el cadáver de un indigente envuelto en una manta y en avanzado estado de descomposición. Ese mismo día detenía a un hombre que convivía con el fallecido y que estuvo durmiendo junto al cuerpo sin vida durante varios días. En el momento de su detención, aseguró que su amigo "iba borracho y se había dado un golpe". Esta declaración no le libró de la cárcel.
En septiembre de 2005 dos indigentes acababan con la vida de un tercero en la caseta de riego en Oliva en la que pernoctaban desde meses antes. No era la primera vez que discutían pero aquella noche de las palabras se pasó a los golpes y los dos detenidos atacaron a su compañero con sartenes hasta provocarle la muerte. Cuando al día siguiente fueron detenidos por la Guardia Civil, aseguraron que habían encontrado a su amigo muerto cuando se levantaron la mañana siguiente.
Según los testigos, los dos detenidos y la víctima trabajaban de vez en cuando en los campos de Sollana, localidad en la que justo un año antes de este suceso también fueron detenidos tres hombres de nacionalidad lituana que convivían en una casa de campo abandonada por estrangular con una cuerda a un compatriota y arrojar su cuerpo a una acequia. Cuando la policía acudió a detenerles, los tres presuntos asesinos dormían la siesta a escasos metros del cadáver.
Ya en el verano de 2003, la policía detenía a otros tres vagabundos por matar a golpes con una silla rota a otro indigente. Y en abril, el descubrimiento del cadáver de un mendigo en el depósito de una casa abandonada de Valencia llevó a la detención de ocho personas.
La comunidad israelita se interesa por el fallecido de Tavernes
Miembros de la comunidad israelita, que posee diversos centros en la Comunitat Valenciana, se interesaron ayer por los detalles de la muerte del indigente suizo y por su identidad. Según ha podido saber este periódico, el fallecido era de origen judio. Mientras, los agentes de la Policía Nacional seguían ayer investigando los pormenores del asesinato del indigente suizo mientras que el, por el momento, único detenido continuaba detenido y sin pasar aún a disposición judicial. Ninguno de los vecinos de Tavernes Blanques preguntados por este periódico sabía decir algo sobre el fallecido, pero no tenían ningún problema a la hora de recordar a Erik, el presunto autor del crimen. "Una vez vino aquí a comer -recordaba ayer el cocinero de un restaurante situado a escasos metros del colegio junto al que se halló el cadáver- y cuando acabó nos dijo que no tenía dinero. Estuvo todo el rato escribiendo algo en un papel, con muy buena letra, y cuando acabó de comer lo rompió. Parecía un hombre muy educado".