Un antiguo chófer de ejecutivos en París que acabó solo en una vieja casa de Torrent

Los vecinos de la víctima dicen que era "correcto" y que "se le veía poco por la calle"

 

TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA Ramón P. E., de 78 años, había tenido varios hijos con distintas mujeres, pero, según los vecinos, "se le veía muy solo, no se solían ocupar de él". De confirmarse, la respuesta podría residir en los episodios de abusos sexuales que, al menos una de las hijas, hoy una mujer de 35 años, confesó haber estado soportando toda su vida en su comparecencia como testigo ante la Guardia Civil de Castelló.
Aún así, Sandra era la única a la que se veía por la casa de su padre, un viejo chalé de la urbanización El Pantano de Torrent, próximo al barranco y construido a base de ampliaciones sin proyecto ni diseño.
En El Pantano, un pequeño núcleo de casas lejos del casco urbano, se conocen todos, principalmente los que llevan viviendo allí "toda la vida". Algunos vecinos recuerdan que Ramón llegó a esa casa "hace unos quince años", después de jubilarse "en París, donde trabajaba de chófer para varias empresas, según decía él".
Era la época de la afición a los coches antiguos -"llegó a tener un Ford americano muy bonito"- y a las motocicletas -aún conservaba cerca de una decena en el garaje de su casa-. Su mujer, francesa, prefirió quedarse en su país que acompañarle en su jubilación española. Nadie sabe a ciencia cierta "por qué vino a Torrent, a El Pantano, cuando en realidad era de un pueblo de la Costera".
En los últimos años, el estado de salud de Ramón había empeorado. Sufría una dolencia que limitaba su movilidad "hasta el punto de que casi no salía de casa. Se le veía poco. Cuando necesitaba ir al médico o a comprar, lo hacía en taxi", explica Mar Haro, una de sus vecinas, que aún se resiste a creer tanto que el crimen se haya producido como en las motivaciones confesadas por su yerno Salvador y supuesto autor del homicidio.
Como otras vecinas, sólo sabía de él que era "un hombre correcto" y que "nunca dio problemas".

La hija seguía cuidándolo
Sandra, la hija, pese a todo, continuaba llevándole comida y ocupándose de él, del cuidado de su vivienda y de las medicinas. Incluso en una reciente hospitalización permaneció a su lado.
De momento, la Guardia Civil no ha presentado acusaciones contra ella. Sandra, fruto del matrimonio de Ramón con su esposa francesa, se había trasladado hace sólo un año a un piso de Albal, donde residía con su compañero sentimental, y sus tres hijos: dos chicas adolescentes nacidas de una unión anterior y el chico, el más pequeño, tenido con Salvador.
De momento, no ha trascendido cuándo ni dónde se llevará a cabo el entierro de Ramón P. E.

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