T. DOMÍNGUEZ TORRENT
"El miércoles, sobre la una y media de la tarde, vi por primera vez la furgoneta aparcada delante de la casa. Era de alquiler. Por la tarde, a última hora, vino la Policía Local preguntando por Ramón. Me dijeron que alguien les había llamado porque hacía días que no se le veía", explica Cati Jareño, vecina de la víctima.
"El viernes por la mañana", continúa, "ví a una mujer y a un hombre, otra vez con la furgoneta, cuando intentaban meterla en la casa. Le pregunté si era la hija de Ramón y me dijo que sí, y entonces le dije que la policía había estado preguntando por él. Me contestó que no me preocupara, que se lo había llevado ella a su casa porque estaba muy mal de las piernas, y claro, me lo creí. Incluso le pregunté si necesitaban ayuda, porque querían sacar el coche de Ramón para meter la furgoneta, y él me contestó que no era necesario. Hasta me estuvo explicando que habían ido con la furgoneta para sacar trastos porque su padre tenía el síndrome de Diógenes... ¿Cómo íbamos a imaginarnos algo así?", se pregunta Cati.
"Cuando se fueron, vi que habían puesto el papel con el aviso y me extrañó, porque, si iba a llamar a la policía para tranquilizarla, ¿para qué el cartel?".
Pese al avanzado estado de putrefacción del cuerpo, favorecido por las altas temperaturas de la semana pasada y los cuatro días largos que yació sobre el colchón de su cama en un cuarto cerrado, ningún vecino se percató del mal olor.
En cambio, los empleados de la empresa de alquiler del vehículo si se asombraron "de lo fuerte que olía cuando la devolvió el sábado, a productos de limpieza muy fuertes". La misma fuente explicó que Salvador había alquilado inicialmente una Fiat Iveco el miércoles por la mañana, que cambió a las dos horas por una Mercedes Sprinter porque, según explicó, "no le cabía en el garaje al que quería entrar".