TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
A Eduart S., albanés de 34 años, le traicionaron el descuido de su novia -Rodica M., de 28-, su afición al fútbol en los bares y el hambre de un guardia civil. Eduart S., presunto cabecilla de una organización de murcigleros a la que se imputa medio centenar de asaltos nocturnos a chalés de la Comunitat y Murcia mientras los dueños dormían en el interior, se sabía vigilado por la Guardia Civil y, en abril pasado, escapó de Alicante, donde tenía su base de operaciones, para huir a algún lugar de Italia.
Sus sospechas estaban más que fundadas. Los agentes del Equipo de Crimen Organizado (ECO) de Alicante llevaban pisándole los talones a Eduart y a sus compinches desde el mes de octubre, tras la denuncia de varios robos a domicilios con el sello inconfundible de la banda.
En el siguiente medio año, los investigadores del ECO reunieron pruebas contra ellos, mientras los presuntos ladrones continuaban sumando golpes. Siempre la misma técnica. Grupúsculos de tres o cuatro hombres con sus funciones delimitadas: unos vigilaban el objetivo, otros conducían y otros perpetraban los robos. Rápidos, silenciosos y limpios.
Las mujeres -dos chicas rumanas, una de ellas la novia de Eduart y la otra, la de otro miembro del grupo- se ocupaban de alquilar pisos, llevar físicamente el dinero robado a su país, comprar las tarjetas prepago de los móviles o realizar labores de contravigilancia para detectar a posibles policías.
En abril, cuando los agentes estaban a punto de caer sobre el grupo, Eduart huyó. La operación tuvo que ser retrasada y modificada. El objetivo, ahora, era Rodica, quien, antes o después, acabaría yendo a ver a su hombre. Y así fue.
La novia les llevó hasta Eduart
A finales de mayo, tomó un tren desde Alicante a Francia, y de allí viajó a Milán (Italia) en autobús. Volvió a cambiar de medio de transporte y el último trayecto hasta La Spezia, junto a Génova, lo volvió a realizar en tren. Ni siquiera así se pudo quitar de encima a los guardias civiles y a los carabineros italianos, que la siguieron hasta el preciso momento en que entraba en el piso donde se refugiaba su novio. Los agentes no tenían la certeza de que Eduart estuviese dentro y un asalto mal programado daría al traste con toda la investigación.
Fue en ese momento cuando a uno de los guardias le entró hambre y decidió acudir a un restaurante próximo para tomar una pizza en una vigilancia que se avecinaba larga. Al entrar en el local, el agente reconoció entre la clientela a Eduart, que, confiadamente, disfrutaba sentado a una mesa del partido que el Barcelona habría de ganarle esa noche del 27 de mayo al Manchester United en la final de la "Champion's League" de este año.
El guardia alertó a sus compañeros, que, una vez más, variaron sobre la marcha los detalles del plan. Así, cuando Eduart salió del bar con tres pizzas recién hechas en la mano y llamó al timbre del piso donde esperaba Rodica, un grupo de agentes cayó sobre él. La veda se acababa de abrir. El resto del ECO detenía entonces simultáneamente en Alicante al resto de la red.