TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
Dos días después de la comisión del crimen, y cuando el cadáver de Ramón aún yacía sobre el colchón de su cama, una pareja de la Policía Local de Torrent acudió a su domicilio para ver si le había ocurrido algo "porque alguien les había alertado de que hacía días que no se sabía nada del hombre". La llamada de alerta, según pudo saber ayer Levante-EMV, tuvo un origen inesperado: el supermercado que surtía de alimentos a Ramón.
La eficiencia del encargado del supermercado estuvo a punto de dar al traste con los planes de Salvador y Sandra de deshacerse del cuerpo.
El responsable del establecimiento empezó a preocuparse por la salud de "un cliente muy fiel, al que servían cada dos o tres días la compra en casa" y que, desde el lunes, no abría la puerta al repartidor, ni cogía el teléfono. Ante el temor de que le hubiese ocurrido algo, llamó a la policía.
Los dos agentes que acudieron el miércoles por la mañana llamaron insistentemente al timbre e incluso preguntaron a los vecinos. Sin embargo, no entraron porque "todo estaba normal, no se percibía ningún mal olor" y cabía la posibilidad de que el vecino del número 26 de la calle Santander de El Pantano se hubiese ausentado de su domicilio por unos días.
Los policías, según recuerdan los vecinos, estuvieron a punto de cruzarse con el presunto asesino cuando éste acudió a la casa la primera vez con la furgoneta alquilada en la que habría de trasladar el cuerpo. El viernes, una vecina vio de nuevo a Salvador y Sandra con la furgoneta y les advirtió de que la policía había preguntado por su padre. En ese momento, pegaron en la puerta el cartel en que mentían diciendo que se habían llevado a Ramón a su casa.
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Sandra H. P., la mujer del homicida confeso de su suegro, cuyo cadáver decapitado arrojó al pantano de El Regajo, en Jérica, quedó ayer libre, aunque con cargos, tras ser detenida durante su comparecencia ante el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Castelló, según confirmaron a Levante-EMV fuentes conocedoras de los hechos.
La mujer, de 35 años, fue citada para que acudiese en la mañana de ayer a las dependencias de la Comandancia de Castelló, donde debía prestar declaración oficialmente por la muerte violenta de su padre, Ramón P. E., supuestamente a manos del compañero sentimental de Sandra, Salvador S. T., también de 35 años. Tal como publicó ayer este diario, éste último se entregó el lunes por la tarde a la Guardia Civil de Valencia para confesar la autoría del crimen, que atribuyó a un momento de ofuscación cuando su suegro intentó abusar de Sandra.
La ahora imputada acudió con su abogado defensor y, tras serle leídos sus derechos, prestó declaración como detenida por su presunta colaboración a la hora de deshacerse de las pruebas que podían incriminar a su compañero sentimental en el homicidio de su padre.
Tras finalizar la declaración, los agentes optaron por dejarla en libertad dado que tiene dos hijos menores a su cargo -uno de ellos con una discapacidad-, por lo que es bastante poco probable que intente sustraerse a la acción de a Justicia. Sandra ha quedado ya a disposición de la jueza de Instrucción número 4 de Torrent, que la llamará a declarar en los próximos días.
En su manifestación ante los investigadores, Sandra H. P. desgranó los abusos sufridos a manos de su padre a lo largo de toda su vida, según las fuentes antes citadas. Además, ratificó que la muerte de Ramón P. E. se produjo en la mañana del lunes, día 1 de junio, en casa de la víctima, en la urbanización El Pantano de Torrent, después de que su compañero entrase en su auxilio al oírla gritar cuando su padre intentaba de nuevo agredirla sexualmente.
Un episodio anterior
Sandra explicó también que ambos habían acudido a la vivienda de su padre para curarle las ulceraciones que sufría en las piernas y que limitaban su movilidad, y que su marido se había quedado fuera de la casa mientras ella se ocupaba de la limpieza de las heridas, momento en que se produjo el ataque sexual.
Al parecer, este episodio fue precedido de otro, unas semanas atrás, que se produjo mientras Ramón permanecía ingresado en el Hospital General de Valencia y ante testigos, según ambos detenidos.
Tal como informó ayer este periódico, tras la comisión del crimen -la víctima recibió un golpe en la cabeza-, el presunto homicida le seccionó la cabeza y las manos para que no fuese identificado y enterró las extremidades en Picanya. Cuatro días después se deshizo del cadáver arrojándolo al pantano de Jérica, adonde lo llevó en una furgoneta alquilada el miércoles.