R. LAGUNA VALENCIA
El Tribunal Supremo ha anulado la sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia que declaraba inocente a un hombre del asesinato de su mujer, al considerar que no había quedado probado que provocó el accidente de tráfico en el que aquélla se quemó viva, para cobrar un millón de euros de siete seguros de vida. Además, ordena repetir el juicio, con un tribunal distinto.
La Audiencia Provincial de Valencia sólo llegó a condenar en mayo de 2008 a Joaquín R. P., vecino de una población murciana, por una falta de imprudencia, al ser él quien conducía el coche accidentado por la A-7 en dirección Alicante, al pasar por Favara.
Pese a que este tribunal expuso la "tremenda sospecha" sobre el acusado, "ante la duda razonable" se vi obligado a "optar por una solución absolutoria". El Supremo critica esta decisión ya que la sentencia recoge todas las pruebas en contra pero, antes de "descartar totalmente la hipótesis del accidente", se limita a "echar en falta otros indicios" y guarda silencio sobre hechos relevantes.
Y todo ello, sin pasar por alto que Joaquín R. P. se casó con María del Mar E. C. el 26 de junio de 1994 y, en seis meses, suscribió seis seguros de vida a nombre de su esposa con él como único beneficiario. No tenían grandes ingresos y las primas eran muy altas.
El séptimo seguro lo firmó en mayo de 1995, cuando alquilaron un coche para viajar a Barcelona a nombre de su mujer. Ésta pagó con una tarjeta visa vinculada a otro seguro por fallecimiento.
Los hechos ocurrieron trece años antes del juicio, tiempo que necesitaron las aseguradoras para recabar la prueba suficiente para que un juez procesara a Joaquín R. P. El coche y la mujer quedaron calcinados, con lo que las periciales centraron el proceso al ser difícil probar que se hubiera empleado algún combustible para prender fuego o avivar las llamas.
También destacó el tribunal que el marido entró y salió del coche varias veces, sin que hubiera podido sacar a su mujer, como señaló durante el juicio el abogado de la acusación Juan Luis Domínguez. Y, sobre todo, que el mismo día del entierro, fuera a reclamar el cobro del seguro.