MARCOS OLLÉS PALMA
Han tenido que pasar 35 años para que su familia vuelva a tener noticias suyas. Desde que Miguel S. B., el acusado de matar al marido de su ex mujer en Son Oliva, desapareció en 1974, sus hermanos nunca han sabido qué había sido de él. Durante una década incluso lo dieron por muerto. Creyeron que su "desordenada" vida había acabado en algún rincón del mundo. Pidieron que se le declarase fallecido de forma oficial para repartirse una herencia y acabaron por olvidarlo. El viernes, como un fantasma del pasado, volvió y acabó con la vida de la actual pareja de su mujer.
"Le dimos por fallecido hace muchos años", aseguró María, una de sus hermanas, que acogió el macabro regreso de Miguel con una aparente mezcla de incredulidad e indiferencia. Le parece imposible que aquel hombre que hace tres décadas se borró de sus vidas haya regresado ahora de una manera tan imprevista como dramática. Habla de él como de un extraño del que apenas guarda recuerdos. "La verdad es que no me acuerdo mucho de él, pero siempre me dijeron que ya de joven llevaba una vida desordenada", cuenta María, quien asegura que su madre jamás volvió a hablar del hijo desaparecido.
"Se casó con Paquita -la actual mujer de la víctima, Juan Molero Moreno- hacia el año 1970. Se fueron a vivir a una casa de nuestra familia en Pla de Na Tesa y tuvieron dos hijos. Un buen día, en 1974, desapareció sin decir nada", recuerda la mujer, unos años menor que el presunto asesino. Los niños eran todavía muy pequeños; uno era aun un bebé y el otro apenas contaba cuatro años.
Desapareció sin decir nada
La familia directa de Miguel no llegó a aclarar qué le había llevado a marcharse, dejando atrás una mujer y dos hijos. Los años pasaron y el contacto con su cuñada y sus sobrinos se perdió. Paquita rehizo su vida, tiempo después, y se casó con otro hombre, un compañero de la lavandería industrial en la que ambos trabajaban y se instalaron en Son Oliva.
Los familiares directos de Miguel -sus tres hermanos y su madre- acabaron dándole por muerto. En el año 1998 heredaron un terreno tras la muerte de un primo de la madre y una parte del legado le correspondía al desaparecido. Sus allegados hicieron un último intento por dar con él. "Pusimos anuncios en la radio para ver si alguien sabía algo, pero nadie dijo nada. También pedimos a un juzgado que lo declarara muerto oficialmente", recuerda la hermana de Miguel.
En 1999, cuando habían pasado ya 25 años desde su desaparición, se publicaron dos anuncios en el Boletín Oficial del Estado en el que se pedía que quien supiera algo de él, lo comunicase. Miguel no recibió su parte de la herencia y la familia llegó así al convencimiento de que el hombre había fallecido.
Por alguna razón que quizá sólo él conozca, Miguel decidió volver a Mallorca para saber qué había sido de aquella mujer a la que 35 años atrás había abandonado, quien se había casado con otro hombre. Merodeó por el barrio, durante algunas horas, con una barra de hierro entre las manos. Esperó al marido de su ex mujer, lo atacó por la espalda y lo mató a golpes. Fue su particular manera de anunciar que estaba vivo. Resucitó matando.