M. PÉREZ GANDIA
Un nuevo caso de un bebé fallecido mientras dormía junto a sus familiares ha sacudido de nuevo a la opinión pública de Gandia. Se trata de la segunda muerte en poco más de un mes en las mismas circunstancias: dormir junto a sus familiares y fallecer de muerte súbita o por una asfixia accidental.
Los hechos ocurrieron durante la mañana de ayer en un domicilio de la calle Grau de la playa de Gandia. Sobre las nueve de la mañana, cuando el matrimonio se despertó, notó que su bebé no se movía, por lo que rápidamente llamaron al 112, quien desplazó hasta el lugar una dotación de la Policía Local y una ambulancia del SAMU, cuyos facultativos no pudieron hacer nada por salvarle la vida del pequeño.
Según explicaron fuentes policiales, el matrimonio residía en la vivienda junto con su hijo de siete años de edad y el bebé, que tenía dos meses y medio. El padre del pequeño es de nacionalidad uruguaya y la madre nacida en Francia y residente en Gandia.
Cuando el médico certificó la muerte del bebé se dio aviso al Cuerpo Nacional de Policía, quien se hizo cargo de las diligencias. El cadáver del pequeño fue trasladado al Instituto de Medicina Legal, donde hoy se le practicará la autopsia para aclarar las circunstancias del fallecimiento.
Los vecinos señalaron a Levante-EMV que los padres "son buenas personas" y que nada más darse cuenta de lo que le ocurría al pequeño alertaron a los servicios sanitarios añadiendo que "están destrozados".
A la espera del informe de la autopsia todo apunta, según fuentes policiales, a que se trata de un caso más de muerte súbita de un bebé, por lo que se trataría de la segunda en poco más de un mes ocurrida en Gandia. Como publicó este periódico, el pasado 19 de julio otro bebé falleció mientras dormía con sus familiares en un domicilio de la calle Doctor Fleming del distrito de Benipeixcar.
La autopsia confirma que fue un aborto
La autopsia a la que fue sometido ayer el feto humano encontrado a última hora de la mañana del lunes en un contenedor de basuras del barrio de Malilla, en Valencia, ha confirmado que se trataba de un embrión de seis meses de gestación, tal como adelantó en exclusiva Levante-EMV, y que se trata de un aborto y no de un parto. Lo que no ha podido determinar el estudio forense es si la interrupción del embarazo fue espontánea y la gestante quiso ocultar lo ocurrido arrojando al bebé a la basura, o si fue provocada clandestinamente. Sólo en el segundo caso existiría un delito, ya que de haberse producido de forma natural, deshacerse del cuerpo, incluso en las condiciones del caso de Malilla, no está penado por la ley. Mientras, el grupo de Homicidios prosigue con las gestiones para dar con el paradero de la madre, la única vía para dirimir en qué circunstancias se produjo el aborto. Para ello, han requerido colaboración a los hospitales y consultas ginecológicas, y están tomando declaración a vecinos de la calle Ingeniero Joaquín Benlloch y aledaños, ya que es más que probable que la madre resida cerca del contenedor al que arrojó a la que iba a ser su hija. t. domínguez valencia