TERESA DOMÍNGUEZ/LUIS AGÜE UTIEL
Inmaculada González, como las dos terceras partes de las mujeres asesinadas por sus parejas, nunca había denunciado al hombre que llevaba años sometiéndola a un infierno entre las cuatro paredes de su casa, en la calle Felipe Hernández de Utiel. "Le había cogido mucho miedo, no podía más porque le hacía la vida imposible, pero al mismo tiempo estaba aterrorizada por cómo reaccionaría si le dejaba. Hace poco me dijo: "No le veo solución a mi vida". ¡Mi niña, me la ha quitado de dos tiros! No hay derecho. ¿Qué voy a hacer ahora sin ella? ¿Quién me la va a devolver?".
María Luisa, prima de Inma y su mejor amiga -"era mi hermana, mi hija, mi alma, mi confesora, lo era todo para mí", dice, antes de quebrarse por el dolor- era quien más cerca estaba de la víctima y, aún así, "no me esperaba esto; que le hubiera hecho daño, que la hubiera agredido sí, pero esto no. Espero que no salga nunca de la cárcel".
El presunto asesino, José Antonio C. C., de 39 años y guardia civil destinado en Utiel, tenía, como casi todos los autores de crímenes y agresiones machistas, "dos caras. En la calle, el más atento y educado, pero cuando entraba en esa casa...". María Luisa no quiere concluir la frase.
La noche del lunes discutieron. Al menos así lo ha admitido José Antonio ante los agentes que lo detuvieron, pero se niega a revelar la razón. La familia de Inma cree conocerla. "Debió decirle que no podía más, que lo dejaba. Hace poco me dijo que se iba a plantar y que no le iba a pasar ni una más. Le tenía miedo, pero se notaba más fuerte. Y mira... La mató como un cobarde, cuando estaba sola y no podía defenderse". Y, como en tantos otros casos, él no admitió la libertad de la que era su mujer desde los 22 años, hacía ya diez.
Un infierno vivido en silencio
María Luisa y su hija Rocío, la primera de la familia en conocer la tragedia -"salió corriendo descalza, como una loca, hasta la casa, pero cuando llegó, ya no la dejaron verla", rememora su madre- revelan más por lo que callan que por lo que cuentan. Acosos, celos, aislamiento de los suyos, desplantes, ninguneos, vejaciones, humillaciones. Un día tras otro. De nuevo, un caso de manual.
"Siempre había sido igual. Y ella estaba harta. Un día llegó reventada de la vendimia y no la dejó dormir en toda la noche poniéndole la musiquita del móvil en la oreja sabiendo que al día siguiente debía madrugar para ir a trabajar a la frutería. Otro día le prohibió celebrar con su familia que a Rocío la habían elegido reina de las fiestas de San Isidro. O no la dejaba ir a los sitios, o le hacía un feo en público". Pequeños retazos de lo que ocurría en el domicilio conyugal "y que ni siquiera me contaba a mí con mucho detalle. Siempre intentaba taparlo. Buscaba una excusa o se culpaba a sí misma". El vivo retrato de la victimización, del síndrome de la maltratada.
Según los primeros resultados de la autopsia, que se completará hoy, Inma recibió al menos dos disparos, uno en la pierna y otro, mortal, en el pecho. Su marido y presunto asesino sigue en el calabozo, a la espera de ser llevado hoy al Juzgado de Requena. "¡Por favor, que sea un sueño, que sea sólo un sueño! ¡Quiero despertarme ya!", solloza María Luisa. Inma será llevada hoy a Utiel para que los suyos puedan enterrarla en el cementerio local.