IGNACIO CABANES VALENCIA
Un matrimonio valenciano y su hijo de 37 años fueron arrestados el pasado viernes acusados de allanamiento de morada y coacciones por entrar en su propio piso, que tenían alquilado, y cambiar la cerradura sin el consentimiento de sus actuales inquilinos. "Ahora sé que fue un error, pero fue fruto de la desesperación", confiesa Francisca C., de 59 años, quien junto a José Vicente D., de 75, alquilaron el citado piso, situado en la calle Campos Crespo de Valencia, hace unos cuatro años a un matrimonio colombiano.
Sin embargo, los arrendatarios actuales de la vivienda no eran los mismos a quien éstos alquilaron el piso hace años. De hecho, según asegura el matrimonio detenido y puesto en libertad, éstos entraron a vivir sin su consentimiento "con engaños y mentiras", diciendo que eran familia de la mujer a quien sí le había alquilado el piso.
Según relata Francisca C., los ocho de cada mes acudía regularmente al domicilio a cobrar el dinero del alquiler. Aunque le extrañó que la mujer a quien se lo había alquilado no estuviera, la actual inquilina siempre tenía una excusa y cómo le pagaba el alquiler no se percató del engaño.
Posteriormente, descubrieron que la arrendataria legal se había ido a vivir a Castelló y había subarrendado a su vez la vivienda a esta persona, quien era la que pagaba las mensualidades a los dueños. Además, los propietarios del piso se enteraron de que estos nuevos inquilinos tenían subarrendadas las habitaciones de la casa a otros compatriotas.
A raiz de las quejas de varios vecinos de la finca, quienes incluso llegaron a plantearse denunciar a los dueños del piso por los ruidos ocasionados por los inquilinos, los propietarios descubrieron el engaño y dieron un ultimátum a los actuales residentes, que habían dejado de pagar las mensualidades, para que abandonaran en el plazo de tres meses la vivienda.
No obstante, los meses fueron pasando y las excusas eran cada vez menos convincentes hasta el punto de que a principios de septiembre la inquilina "nos dijo que se iría cuando le diera la gana y que no iba pagar nada, y que si la denunciábamos no veríamos un duro en años", atestiguó Francisca.
Ante esta vicisitud de acontecimientos, y pese a la negativa de su hijo, el matrimonio decidió acudir al piso y, aprovechando que no estaban los inquilinos, cambiaron la cerradura. La policía los detuvo por allanamiento de morada y a su hijo por coacciones a los inquilinos.