JOSÉ ANTEQUERA CASTELLÓ
Un padre hundido. Una madre destrozada. Una niña aterrorizada que declara por videoconferencia para no ver al hombre que la violó con sólo 10 años. Y un acusado que se enfrenta a 15 años de prisión. Eso es lo que queda del sueño español de una familia ecuatoriana afincada en el Baix Maestrat. Ayer, la sala segunda de la Audiencia Provincial de Castelló juzgó a Milton G., de 44 años, el presunto autor de los abusos contra la menor. La vista oral se celebró a puerta cerrada para preservar la intimidad de la pequeña.
El matrimonio formado por Vladimir P. y su esposa llegó a España con sus tres hijas a finales de los años 90. Vladimir creó su propia empresa de construcción, que fue viento en popa durante los años de la burbuja inmobiliaria. Poco después llegaba Milton G., un buen amigo de la familia al que dieron trabajo como albañil y alojamiento en una habitación hasta que pudiera salir adelante por su cuenta. Sin saberlo, Vladimir había metido en su casa el virus de la pesadilla.
El 18 de agosto de 2006, la niña, que entonces sólo tenía 11 años, empezó a llorar de madrugada. "Fuimos corriendo y nos la encontramos en el cuarto de Milton. Él nos dijo que sólo le estaba dando un masaje, pero luego supimos la verdad, algo horrible", explica Vladimir, de 49 años.
Al principio la pequeña se negaba a sincerarse con su madre, por lo que una amiga de ésta tuvo que convencerla para visitar al ginecólogo al día siguiente. Allí fue donde la niña explicó cómo el supuesto agresor la había estado sometiendo a prácticas sexuales desde al menos un año antes. La menor reveló además que el presunto violador la amenazó con sacar "trapos sucios" de la empresa familiar si se le ocurría contar lo que pasaba por las noches en la habitación. "Luego supimos que se la llevaba a lugares apartados para abusar de ella. Estamos desolados, nunca nos esperamos algo así. Era un buen amigo", explica el padre de la víctima.
Con todo, el peor trago para la familia estaba por llegar. Tras ser detenido y prestar declaración, Milton G. quedó en libertad a la espera de juicio. "Me lo tengo que encontrar cada día por el pueblo. Ninguno de los dos dice nada, guardamos silencio y seguimos cada uno por nuestro lado. Pero tener que ver al violador de tu hija de 1o años es una pesadilla que no se la deseo a nadie", explica.
Tanto el constructor como su mujer aún no se explican cómo pudo ocurrir. Meses y meses sin notar nada raro, sin detectar síntomas en la niña, sin apreciar un comportamiento extraño en el agresor, que entraba y salía de la casa con toda normalidad.
"Yo bromeaba con él, le decía incluso que era mejor que mi mujer, porque siempre me estaba esperando para recibirme. Era muy atento, un amigo. Jamás le perdonaré lo que nos ha hecho, nos ha destrozado la vida", asegura Vladimir.
Desde que la niña denunció los hechos al ginecólogo de la familia, ha venido sufriendo las secuelas habituales en este tipo de agresiones. Pánico nocturno, retraimiento, miedos, fobias.
Dentro de 8 días la familia subirá a un avión para regresar a Ecuador definitivamente. "Tendríamos que estar ya allí, pero nos salió la fecha del juicio y nos alteró todos los planes. Sólo espero que le caiga la condena más dura,", añade el padre de la niña.