LUIS AGÜE UTIEL
Más de mil personas, entre los que se encontraban compañeros del agresor vestidos de paisano, se dieron cita ayer tarde en la iglesia parroquial de la Asunción de Utiel para dar el definitivo adiós a Inmaculada González Hernández, presuntamente asesinada por su marido, el guardia civil José Antonio C.C., en la noche del pasado lunes.
Un respetuoso silencio, tan sólo roto por el llanto de familiares y amigos que abarrotaban la iglesia, presidió la misa celebrada por el párroco Antonio Martínez López, a la que acudieron el alcalde, José Luis Ramírez, y varios miembros de la corporación municipal. Tanto en el interior como en el exterior de la Iglesia, los vecinos de Utiel, jóvenes y mayores, reflejaban en sus rostros el dolor y la rabia contenida por este crimen machista, el cuadragésimo en lo que va de año, y que ha teñido de luto las fiestas locales en honor de la Virgen del Remedio.
A la puerta de la Iglesia una pancarta reivindicativa sostenida por una vecina: "Soy una mujer maltratada por un gitano de Utiel durante cuatro años. Quiero justicia". También entre los vecinos, recuerdos para la familia del presunto asesino, cuyo padre, hoy jubilado, prestó durante años servicio en el municipio como guardia civil. "Los padres de él se encuentran muy afectados por lo ocurrido", aclaran sus allegados. Dos horas después, Inma recibió sepultura.