TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
Los restos humanos esqueletizados encontrados el lunes y desenterrados el martes en Riba-roja son el cuarto caso similar que aparece en el plazo de un año en la provincia de Valencia. Ninguno de los cadáveres ha podido ser identificado, por lo que las investigaciones se encuentran estancadas y a la espera de lo que puedan aportar los estudios forenses más complejos.
El último caso, tal como publicó ayer Levante-EMV, no presenta un mejor aspecto que los tres anteriores, desde el punto de vista de la labor del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia. Por el momento, apenas hay datos que permitan a los agentes iniciar gestiones para resolverlo.
El cuerpo fue encontrado el lunes por la tarde por un vecino de Manises que buscaba caracoles en la partida Los Carasoles, a escasos metros de la puerta de acceso al antiguo polvorín militar de Riba-roja. Allí, a unos 40 metros de la carretera y oculto entre pinos, arbustos y chumberas, estaba el cadáver esqueletizado y semienterrado de lo que parece ser un hombre joven, de entre 20 y 35 años al morir. Aún conservaba la ropa -poco reveladora-, pero quien se deshizo del cuerpo, se aseguró de llevarse cualquier objeto o documento que pudiera identificarle. Y poco más.
La autopsia, aplazada
Se presume que se trata de un homicidio por el lugar y el modo en que se deshicieron de él: un paraje recóndito, que sólo utilizan algunas unidades de la Guardia Civil para realizar prácticas de tiro y de asalto y que únicamente da acceso al polvorín, cerrado hace más de una década. Un lugar accesible en vehículo, pero que hay que conocer. Sin embargo, son meras conjeturas, ya que no hay evidencias de cómo fue asesinado -no había casquillos en la fosa ni señales de disparos aparentes en el cráneo-, por lo que habrá que esperar a la autopsia para aclararlo.
De momento, de poco más disponen los investigadores, ya que el estudio forense de los huesos, cuyo inicio estaba previsto para ayer, ha sido aplazado y podría tardar semanas en dar resultados fiables.
Respecto a su identidad, tampoco hay demasiadas esperanzas, dado que es imposible obtener las huellas dactilares y no hay rastro de piel que pudiera mostrar un hipotético tatuaje. Quedarían dos vías para dar con su nombre: el ADN, útil si tiene antecedentes por un delito grave y su perfil genético ha sido introducido en la correspondiente base de datos policial, o la dentadura, reveladora si se localiza su ficha dental.
Ninguno de los tres casos anteriores -una joven hallada el 20 de septiembre de 2008 en Macastre, un hombre joven encontrado en Llutxent en diciembre de 2008 y un hombre joven hallado en Higueruelas en abril pasado- ha podido ser resuelto, entre otras cosas, porque todos ellos permanecen sin identificar. Además, sólo se conoce la causa de la muerte en el caso de Llutxent, asesinado de dos tiros en la cabeza, como demostraron los orificios en el cráneo y los casquillos hallados en la fosa. Por ahora, no se ha podido probar una relación entre los cuatro, más allá de las circunstancias en que murieron y en que fueron encontrados.